Ecos de una batalla perdida.

 La sección transnacional del Laboratorio de Estudios de la Imagen Contemporánea del Corporativo 666 satán/ismocrítico, entrega un documento de investigación histórica en torno a la vida y obra del pintor, dibujante, retratista y cartógrafo texano Estefan de Velasco (1819-1872). El documento entregado es un adelanto del proyecto de investigación en curso desarrollado en la región de la frontera norte del país y se basa preferentemente en los archivos descubiertos en la biblioteca pública de Victory, Texas así como lo encontrado en la mapoteca del Archivo General de la Nación [galerías 4 y 5, sección 2 y 3, caja # 16, legajos 020-332]. Tras firmar un convenio con Omar Soto M. nos dimos a la tarea de la recreación literaria de un pasaje oscuro y desconocido de las artes guerreras de la nación mexicana. Si bien el historiador puede y debe desentrañar la luz que se encuentra detrás de la suciedad que los acontecimientos dejan sobre los objetos creados y destruidos por el hacer de la humanidad, el trasiego que se hizo sobre la obra del artista texano dejó a todos los involucrados desconcertados ante curioso personaje. La idea de crear un orden a partir del desorden encontrado, un sentido del sinsentido expresado en la tinta y el papel pareciera una labor imposible para las herramientas del historiador de otra época. Desconfiando del archivo encontrado hemos decidido narrar la fugaz vida de un hombre al tiempo cronista de su tiempo al tiempo crítico feroz de todo pasado presente y futuro de toda nación. Del deambular del dibujante por la historia del México independiente daremos noticia nosotros en las siguientes páginas, de la veracidad y certeza de la historia narrada sólo el dinero recibido nos haría callar y guardar mutis.

Damos fe de ello: 666 ismocrítico

Abril del 2012

 

 

 

Estefan de Velazco (1819-1872), Ecos de una batalla perdida.

 

 

Tu propia tierra otra es, en otra parte estas prometido,
que es el campo donde se hacen las guerras…

Antiguo poema mexicano…

En el año del 2009 durante la celebración del 5 de mayo en Goliad, Texas se exhibieron por primera vez una serie de imágenes atribuidas a Estefan de Velasco. La leyenda de este dibujante y cartógrafo ha quedado como esas historias que la narrativa de las épicas nacionalistas ha preferido evadir por su carácter poco aprehensible. Estefan Velasco como se le conoció en Puebla o Estefan de Velasco como se le conocía en Texas debería ser considerado uno de los primeros cartógrafos de guerra en México. Su persistencia en la representación del territorio como conflicto humano y campo de batalla tiene sentido si pensamos en la época y su lugar de procedencia, recordemos que siendo Texas un lugar en disputa constante pasó por varias inscripciones territoriales e innumerables batallas. Nacido en 1819, en el pueblo de Velasco en Texas, de ahí el equívoco de su nombre, pues no queda del todo claro si proviene del apellido materno, que también era Velasco o Velázquez o porque se le llama como solía hacerse a la vieja usanza, con el nombre del pueblo que habitó hasta entrados los treinta años. De su padre no se sabe mucho, al parecer un escocés que migró en soledad al conseguir tierras en otro lugar lejos de Velasco.

Estefan Velasco plasmó múltiples escenas del conflicto muchas de ellas dan cuenta de la independencia, el nacimiento y la caída de la breve República de Texas. Esas son las imágenes que se han recuperado del lado estadounidense. Siguiendo la pista a este personaje encontramos una colección de dibujos y cartografías de guerra en el Archivo General de la Nación, para nuestra sorpresa referidas a la Batalla de Puebla. Curioso detalle ese de que una obra tan poco conocida de un hombre de cuya imaginación insubordinada se encuentre aprisionada en las antiguas cárceles de Goliad y Lecumberrí, ahora convertidas en resguardos de documentación histórica.

Para entender mejor la peculiaridad de Velasco es necesario trasladarnos a su primera juventud. Entre 1835 y 1836 Texas vivió innumerables enfrentamientos políticos y escaramuzas militares que finalmente dieron lugar a la declaración de independencia que más tarde agudizaría el conflicto que dio pie a la guerra entre México y Estados Unidos. Las desavenencias entre el gobierno mexicano y Texas fueron constantes desde fines de los años veinte provocando pequeños enfrentamientos en 1829 y 1832. Es cierto también que estas se agudizaron con la promulgación de las Siete Leyes en 1835, en las que se desconocía el régimen federalista establecido en la constitución de 1824. La tendencia centralista de Santa Anna ponía en riesgo las prerrogativas e independencia de los distintos territorios que conformaban los Estados Unidos Mexicanos. A pesar de las distancias entre los poblados del estado de Texas, la turbulencia que se vivía en la región era perceptible en la cotidianeidad de sus habitantes entre los cuales los rumores de guerra y muerte estaban siempre presentes. El paso de los años no ha logrado borrar de las crónicas locales la presencia de los cadáveres abandonados a expensas de los buitres y coyotes ni el hueserío de las osamentas medio chamuscadas que los animales sacaban de su sepultura.

En el pueblo de Velasco sucedieron acontecimientos importantes para la historia de la región. El 26 de junio de 1835 los lugareños ganaron una de las primeras batallas que antecedieron a la fundación de la república texana. Unos meses más tarde, en octubre, se dio otro enfrentamiento en Goliad que significó un triunfo para los texanos. Tal vez uno de los acontecimientos más cruentos ocurrió entre el 23 de febrero y el 6 de marzo de 1836, cuando se enfrentaron durante trece días continuos las fuerzas de Santa Anna finalizando en lo que se denominó la masacre de El Álamo. En este enfrentamiento murieron entre 182 y 257 texanos dejando sólo unos cuantos sobrevivientes del bando de los cesionistas que fueron capturados y enviados a Gonzales para que corrieran la voz de la derrota texana. Si bien este acontecimiento desató pánico y provocó que muchos de los colonos huyeran del avance del ejército de Santa Anna más tarde sirvió para que muchos más se levantaran indignados por los acontecimientos y para abril de ese mismo año se da la Batalla de San Jacinto que marca el fin del largo conflicto entre los texanos y el gobierno mexicano. Según las crónicas el último combate duró menos de veinte minutos, pues los texanos tomaron por asalto al ejército mexicano justo cuando este se encontraba en la hora de la siesta logrando hacer prisionero a Santa Anna. Unos días más tarde, el 14 de mayo de 1836 David G. Burnet presidente provisional de la nueva república y Antonio López de Santa Anna firmaron el Tratado de Velasco. Así temporalmente el pueblo se convirtió en la primera capital de la breve república texana que duró menos de nueve años.

Estos acontecimientos dejaron una marca clara en gran parte de la obra gráfica de Estefan Velasco que a falta de una mejor definición denominaremos “místico-política” dadas las formas extraordinarias en las que esta se produjo. En 1835 empieza a producir una serie de dibujos en los cuales resulta difícil distinguir a la naturaleza de las fuerzas bélicas. Lo viviente, el caos de las formas encontradas en la naturaleza es percibido como negación de la racionalidad que la mirada impone sobre los objetos retratados. En algún momento llega a decir incluso que “pareciera que la palabra se vuelve impotente para revelar lo que no está sino en la mirada”, quien escribe esto es ya un hombre consiente de la multiplicidad de las grafías humanas, pintar con las manos como quien sabe leer con los ojos, dotar de un orden visual, una cierta narración en la naturaleza, un sentido para edificar la columna de humanidad encontrado en la vida inmediata.

Más tarde, en una carta a D. Antonio Samuel de Jesús Wilson, fechada el 17 de agosto de 1850 Velasco sintetiza en pocas palabras los acontecimientos que le tocó vivir, por un lado la incorporación de Texas como un estado más de la federación de los Estados Unidos Mexicanos, después la fundación de la República y finalmente el momento en que pasó a formar parte de los Estados Unidos: “ se tiró la bandera [texana] y se colocó la nueva, tres patrias he tenido en mi vida, ha tres banderas he escuchado gritar los vivas con igual fervor”. Esto podría explicar en cierta forma el distanciamiento que tuvo hacia el final de su vida de cualquier discurso patriótico. Recuperamos aquí un fragmento de otra carta, ésta dirigida a Juan José Erasmo Seguín -con quien mantiene una correspondencia constante durante algunos años – en la que Velasco describe lo que le llevó a trazar sus primeras escenas bélicas, si es que cabe tal definición para las representaciones de fuerzas que hace estallar en el papel . Junto con las cartas se encontró un paquete con 35 dibujos que presumiblemente remiten a acontecimientos ocurridos en la región.

Estimado D. Juan José María Erasmo de Jesús Seguín Fuentes:

He sabido que salía una diligencia hacia los territorios de la Bahía del Espíritu Santo y me he decidió a enviarle una serie de documentos que me parece pertenecen más a los habitantes del recién bautizado pueblo de Goliad que a mí mismo, a pesar de haber salido de mis entrañas . Antes de que abra usted el envoltorio quisiera explicarle mi situación para que no sienta usted desconcierto ante lo recibido.

Desde hace tiempo he sido preso de asedios inexplicables. La primera vez que me sucedió fue durante tres noches seguidas del invierno del año treinta y dos, unos días antes de que se pidiera la ejecución de William B. Travis escuché a las aguas embravecidas del rio. No dije a nadie lo sucedido porque la crecida nunca llegó a las aguas del rio Brazos. Días después más de cien hombres se organizaron para cruzarlo y enfrentarse a las tropas mexicanas. Pensé que fue sólo una casualidad y después de un tiempo lo olvide.

La noche del 9 de octubre de 1835 me despertó un estruendo como de las salvas de un cañón que venía de las entrañas de la tierra. Desde ese día hasta el mes de marzo cuando se dio lo del Álamo los estruendos de cielo y tierra se hicieron presentes. Se preguntará usted cómo es que me surgen estos delirios, déjeme contarle, todo comienza como un ligero temblor en el ambiente de las cosas, mi mirada se enturbia, y aparece un fuerte zumbido que va de las cosas que me rodean hasta mi cabeza, escucho literalmente el vivir de las cosas vivas y el dormir susurrante de las cosas inertes, escucho todo al mismo tiempo sin ser capaz de discriminar el lugar o la dirección de los sonidos. Cuando salgo tratando de escapar del estruendo encontrado en la casa me encuentro con los sonidos disminuidos de la naturaleza, entonces puedo escuchar durante un buen rato y si logro entender lo que me dicen y llaman entonces puedo ver los colores y figuras producidos por los distintos sonidos. A veces emanan lentamente produciendo un calor de sol al mediodía, son rojos son blancos, en otras ocasiones siento, veo a los muertos que los hombres dejaron en estas tierras, entonces dibujo siluetas de otros tiempos, dibujo los contornos de los combatientes, no alcanzo a distinguir sus vidas, pero para eso está el color negro, para sombrear lo que no se entiende, lo que ya no fue ni esta aquí. Después de éstas visiones paso unos días negativo de mí y entristecido. Recupero para nadie en particular la historia breve y sencilla de aquellos que nunca tendrán nombre.

Debo decir que mis dibujos nunca serán claros para nadie, no lo son para mí, ha pasado tanto tiempo y aún no comprendo por qué hago lo que hago, por qué dibujo en vez de escribir lo que mis oídos ven, por qué si la imagen de mis delirios son insuficientes para contar algo no habría de recurrir a la escritura, pero debo decirle que yo pinto, dibujo que yo no soy escritor y sólo tengo a la tinta y unos pocos colores para contar batallas y retratos, de vivos y difuntos.

Sabemos que Estefan de Velasco permaneció por mucho tiempo en su pueblo natal pues se han encontrado retratos de familias y memoriales de niños difuntos firmados por él y fechados hasta muy entrados los años cuarenta. De la década de los cincuenta datan algunos retratos recuperados en algunos estados de la frontera norte . Poco sabemos de un largo periodo de su vida, pero a partir de las notas y fragmentos de correspondencia podemos inferir que anduvo del norte al sur en busca de trabajo. En el lado mexicano los acontecimientos que se dieron al finalizar la guerra de Reforma marcaron el triunfo de la facción liberal sobre los conservadores con lo cual se liberaron las presiones sobre el periodismo nacional abriendo la posibilidad de fundar más de una veintena de periódicos de los cuales seis de ellos trabajan caricatura política. Es en esas publicaciones donde podemos seguir el rastro de Estefan Velasco quien aparece en algunas ocasiones como ilustrador. Se trata de un momento importante pues el impulso a la prensa propició el surgimiento de esplendidos caricaturistas, precedidos por la mano de Constantino Escalante (1832-1868) y su labor en La Orquesta. Se trata de una generación de caricaturistas obstinados en joder la vie en rose de los invasores franceses, haciéndolo de tal manera que lograron obtener especial atención de la policía al servicio de los invasores, haciendo el clásico recorrido de la inteligencia mexicana de la época que va de la oficinas del periódico hasta la comisaria y de ésta a la cárcel bajo la acusación de faltas a la autoridad.

La caricatura dibujada es distinta de la caricatura escrita, requiere de una exploración constante por el mundo de lo ridículo y su doble lo esperpéntico que vulnera toda fama, que asedia al héroe único y sin macula, socaba la estupidez y la estulticia, no se disculpa ni la ingenuidad ni la corrupción de los gobernantes, su cometido es mostrar la inconstancia del poder, su veleidad y falta de memoria. Si hay que buscar compañeros a la profesión de caricaturista deberíamos mencionar a los celebres carniceros de los rastros de la ciudad: su trabajo es desollar la opinión pública con sus propios dichos consumados. Quien vive bajo la ley de la espada morirá bajo esa misma ley.

Las pocas ilustraciones que llevan la firma de Estefan de Velasco recuerdan de alguna manera a los esperpentos de Goya. No faltara quien diga que también la figura de la razón y su delirio monstruoso emparenta a Velasco con Goya. La segunda mitad del siglo XIX es rica en representaciones esperpénticas y satíricas y en el caso de México se agrega la presencia de la muerte y sus múltiples manifestaciones esqueléticas como figura paradigmática. Los temas que hábilmente trabaja Velasco en los cartones que dibujó para la prensa de la época son cercanos a las imágenes que produjo en Texas y las que posteriormente dejó como resultado de su participación en la Batalla de Puebla. No es de extrañar que Estefan Velasco haya formado parte del grupo de caricaturistas cercanos a Constantino Escalante, tampoco su paso por los talleres de Don Trinidad Pedroza en donde Santiago Hernández documentó vía la impresión litográfica la historia de la guerra entre México y los Estados Unidos.

En todos ellos podemos encontrar la fina figura de los personajes de Honore Daumier (1808-1879), de quien conocían muy bien su obra satírica debido no sólo al acceso a Charivari, publicación francesa donde aparecían sus litografías, sino sobre todo a la impresión que en 1860 se hizo de su libro de imágenes los 101 de Roberto Macario. Los Ilustradores mexicanos comparten con el francés la vocación moral de fustigar las aspiraciones vanas de la injusticia de una sociedad decidida a ignorar a quienes no aparecen en el almanaque universal de las buenas intenciones, del burgués como sinónimo de estupidez moral e hipocresía social. Ninguno de ellos tuvo una educación artística formal, ellos como Estefan Velasco se formaron en las filas de un periodismo que floreció en tiempos de turbulencia política.

Un año después de la derrota temporal del ejército francés este logra sitiar por dos meses al ejército republicano cayendo finalmente la plaza militar de Puebla. Durante ese año de asedio Estefan Velasco se había establecido en el medio periodístico liberal haciendo una caricatura a veces mordaz y otras en un estilo tan enigmático que resultaba impublicable. Regresando a sus representaciones de fuerzas indomables en donde la tinta desbordada opacaba la representación realista de la escena hasta unificar las fuerzas bélicas con las de la naturaleza. En donde los monumentos, los fortines y edificios históricos estallaban con la misma fuerza de los volcanes y los cañones de guerra envolvían el entorno a la manera de los tornados que azotan el paisaje texano. El territorio se presentaba como un desierto de blancos y negros que ahogaba el trazo cuidadoso de los personajes apenas vistos. En sus escenas de batallas era imposible distinguir la nacionalidad de los combatientes, volcando la tinta sobre el papel parecía sugerir que durante la batalla sólo hay un ejército de soledades, de sombras inhumanas. El paisaje de guerra es sobrevolado por viejas águilas imperiales que cargan a cuestas una historia de insuficiencia y una comedia de esperpentos. Las águilas descarnadas hablan de la figura deformada no sólo del héroe que la porta sino de las aspiraciones torpes y fraudulentas de una nación comandada por enanos y patizambos. De esta manera las figuras humanas dispuestas sobre el papel siempre son demasiado pequeñas, emplazadas sobre un espacio desbordado por las fuerzas telúricas de una naturaleza que se rebela ante la violencia de los hombres. En las obras de Velasco había demasiada sangre, demasiado pathos trágico que le alejaba por un lado de la sátira y por otro de la gesta heroica del patriotismo. A lo largo de su vida Estefan de Velasco había confirmado que la muerte que se exalta en las narrativas sobre las que se funda una nación finalmente termina en las masacres que dan cuenta de su decadencia. Ahí donde la muerte se vuelve un acontecimiento cotidiano se instala la tragedia final que como las fuerzas de la naturaleza arrastra todo a su paso. Los monumentos y las estatuas de los héroes caen frente a las fuerzas de los temblores de tierra, las banderas son convertidas en harapos por el viento así como los rostros de los combatientes son erosionados por el tiempo y lanzados a la indiferencia del olvido. El resultado no podía ser otro que la perplejidad lo cual explica en cierta forma que su obra nunca haya aparecido en el canon nacionalista.

El papel de los artistas de la litografía en la elaboración de los primeros mapas topográficos y cartografías de guerra es un área poco explorada por los historiadores del arte del siglo XIX. En tiempos de guerra y trifulca entre conservadores y liberales el estado de la sociedad es de perpetua anarquía, todo parece contrapuesto y heterogéneo. Los gobiernos sea cual sea su denominación buscan transmutar lo que unos llaman libertad en orden social. Se busca uniformar al país, delimitar las fronteras políticas del país, de los estados, de los municipios. La federación requiere estructurar las regiones en zonas políticas consolidadas, establecer una jerarquía desde el centro hacia las periferias más alejadas. Este es el papel que van a cumplir algunos caricaturistas a veces convertidos en topógrafos otras en cartógrafos de guerra. Es la época en que se busca registrar y clasificar a los pobladores, cuantificar sus bienes, enumerar las poblaciones y ubicarlas en su relación espacial, para ello se llama a los dibujantes que hacen las labores de geógrafos y topógrafos dando origen con ello al imaginario visual que da sentido al Estado-nación.

El mismo Estefan Velasco llegó a cumplir la labor de cartógrafo de guerra. Siguiendo la costumbre militar al uso, días antes al 5 de mayo de 1862, el general Ignacio Zaragoza encargó organizar un planskammer como se le llamaba en ese tiempo al escuadrón de planeadores, topógrafos y copistas que se hacían cargo de producir el conocimiento del terreno de batalla. La labor era indicar gráficamente los pasos y acciones necesarios sobre el terreno postulando movimientos y direcciones de los ejércitos así como las diversas posiciones del enemigo y los sitios preferentes para entablar la defensa del territorio. De alguna manera el cartógrafo de guerra debía tomar en cuenta las condiciones orográficas y climatológicas para dar cuenta de las inclinaciones o elevaciones que posibilitan la vista y el mejor control del territorio, el dominio de largas distancias a través de la edificación de fortificaciones y otras estrategias de combate. Para ello los dibujantes recababan información entre los habitantes de la región lo que hacía de ellos una insólita combinación de topógrafos y espías al servicio de la nación. Resulta curioso y hasta extravagante que el trabajo de cartografiar el territorio fuera encargado a los caricaturistas y no a los ingenieros tal como ya estaba establecido en el continente europeo.

No sabemos con exactitud cómo es que Estefan Velasco llegó a formar parte del planskammer de Ignacio Zaragoza. A partir de los documentos encontrados nos parece que podríamos lanzar dos hipótesis probables. Por un lado Ignacio Zaragoza nació en Goliad, Texas, era sobrino de Juan José Erasmo Seguín con quien Estefan Velasco mantuvo una correspondencia de varios años, por lo cual existe la posibilidad de que en algún momento hubiera sido el tío quien estableció el contacto entre ambos. Por otro lado, Velasco era conocido por los caricaturistas de la época llegando incluso a ser cercano a Constantino Escalante. En última instancia lo menos importante es la vía que posibilitó el acercamiento entre el dibujante y el militar, lo importante es lo que surgió de ese encuentro. Si bien es verdad que los mapas producidos por Velasco no fueron totalmente del agrado del General lo cierto es que el paso del tiempo ha reivindicado su valor. Las formas trazadas por Velasco fueron recibidas con estupor pues no se trataba de los contornos y volúmenes definidos que se trazaban en la época sino de manchones sobre un espacio en que los destacamentos se dirigían hacia ningún lado. Manchas cual turbas que se disputan la blancura de la hoja. El resultado era una geometría fantástica que se desdobla en siluetas y señales ininteligibles. Sus líneas se extravían en ningún punto en particular resultando la cartografía de un territorio que nunca procede como debería ser, son mapas y configuraciones del extravío posiblemente mental del dibujante fantasioso y fantástico.

Es probable que los días previos a la Batalla de Puebla Velasco hubiera padecido de nuevo los accesos que le acechaban en Texas justo antes de los momentos de guerra. Lo cierto es que han quedado documentos que dan testimonio de los reclamos del cuerpo de coroneles y capitanes encargados de la defensa que piden a Ignacio Zaragoza la retirada del dibujante para darle la coordinación al mismo Constantino Escalante quien trabaja como cronista de guerra para su periódico La Orquesta. Días después de la batalla Zaragoza se reunió con Velasco ya que este quería hacer la entrega de lo que su mirada retuvo del enfrentamiento. El 5 de mayo se impuso la lluvia impidiendo la vista clara de los acontecimientos. Ese día Estefan Velasco vagó por los terrenos de guerra cual espectador perturbado por las fuerzas de la naturaleza que atrajeron hacia él las sombras y cavilaciones provenientes del futuro. Una serie de 41 dibujos pertenecientes a los acontecimientos de Puebla fue resguardada junto con las pertenencias de Ignacio Zaragoza en el Archivo General de la Nación. Difícil es saber la reacción del militar al ver una representación de sí mismo con los ojos inertes y respirando la inmortalidad inútil de la estatua caída. No se trataba de la representación de la muerte en batalla, tampoco de la que produce la súbita enfermedad sino de la muerte vana de los héroes quienes nunca sobreviven al Estado que fundan con su sangre.

Pasados los acontecimientos de Puebla, Velasco recorrió los caminos que le llevaron de regreso a Texas. Se quedó en Goliad donde se estableció hasta el final de sus días para escribir la crónica de sus andanzas y sus visiones a partir de las que aprendió: “a leer el destino por el arrastrarse de las nubes” y ver “como se confunde la vida con la muerte y la patria con la madre”. De sus últimos días quedan los fragmentos de las hojas de notas de donde recuperamos estas afirmaciones y unos cuantos dibujos de trazos escasos y modestos. Una tarde del mes de julio de 1872 se le encontró muerto a las afueras de su casa. Apenas tenía los cuarenta y tres años. El certificado médico menciona como causa del fallecimiento la picadura de una víbora de cascabel, serpiente abundante por aquellos terrenos. La junta local sin poder decidirse a tirar los dibujos que se encontraron dejó que estos se fueran secando poco a poco dentro de la propiedad abandonada, hasta que fueron rescatados por el maestro del pueblo en 1876 y entregados para su custodia a la alcaldía de Victoria Texas cabecera ministerial de Goliad, donde aún se encuentran en un precario estado de conservación.

~ por 666ismocritico en julio 2, 2012.

Una respuesta to “Ecos de una batalla perdida.”

  1. Saludos desde tierras belgas,

    Ya hace tiempo que había dejado de leer sus dosiers, no por desaire, no vayan ustedes a creer, pero los he retomado justo en este último de julio.
    Les agradezco por desenterrar lo que el polvo de otras formas de hacer historia entierra.
    Abrazos y desde acá todo el apoyo a este proyecto por demás caritativo, crítico y bien chingón.

    La Ke alguna vez fue burbuja en una radio…

    Saludos

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