Como se baila hip hop # 4: ¡Báilele compadre!

 

¡Báilele compadre!

Es ya un clásico de nuestros tiempos de súper-estrellas del youtube. ¿No es así? Su nombre es Eufemio Huerta García. Tiene 26 años y es originario del pueblo de Huandacareo, Michoacán. Es una población pequeña con tan sólo 11,592 habitantes. Dice ser bueno para el azadón y el arado…también le hemos escuchado quejarse  de que no encuentra trabajo… después de esto, ya encontró una nueva profesión.

La historia es la siguiente, en algún momento del 2009 en una bodega se celebra una fiesta ¿será una boda, algún quince años tal vez?, la cámara se mantiene mas o menos fija tratando de capturar la hilarante escena de un par de borrachos intentando bailar un rayito de sol [Ramón Bonafon y los diábolos]. Como suele suceder el más borracho es también el más excéntrico en sus movimientos, las patadas se suceden a los manotazos y los comensales se alejan con precaución, ellos guardan la compostura al bailar, le miran de reojo solo para asegurarse de que se encuentran a resguardo… todo esto fue capturado con sigilo detrás de una ramo de flores. Ese es el mayor triunfo de quien grabó la intimidad ebria desplegada en un festejo público, mostrar agazapado aquello que estaba destinado a desaparecer y ser olvidado al día siguiente… pero no fue así, el video cuenta con más de 2 millones de vistas.

No hace falta describir la escena, ¿Para que? el estado de ebriedad es evidente: él tampoco se molesta en negarlo… Las copas me hicieron bailar así, Bailo mejor bueno y sano pero bueno, debo de tomarme unas copitas para agarrar valor… y de eso va a tratar esta cuarta entrega.

En efecto, se trata del coraje del cuerpo, del esfuerzo de un cuerpo descoyuntado, con un sentido del ritmo quebrado por la multiplicidad de deseos encontrados que solo la ebriedad puede convocar. No hay coordinación, no hay ritmo que se siga, no hay nada parecido a la consecuencia en el movimiento que sigue a otro…es puro azar surgido de un deseo ebrio y extraviado.

El cuerpo se embota, endurece y entorpece los movimientos, se vuelve pesado. Al parecer el estilo y la gracia tan necesarios para el buen dancin’ se pierden en la embriaguez, no hay pasos, ni giros que sean dados con la dignidad necesaria. Lo que resta son vestigios, rumores del cuerpo que se escuchan por momentos, que nos permiten encontrar y disfrutar las posibilidades abortadas en cada movimiento: encontramos algo de Michael Jackson, algo de vogueing, pasito duranguense y hasta calabaceado (nos resulta inevitable pensar que Eufemio paso una buena temporada en el otro lado). Sin embargo, todo movimiento es mas bien precario, surge del cuerpo agotado por el alcohol, el cuerpo siempre esta a punto de derrumbarse sin embargo es recuperado por alguna fuerza, algún impulso conservado en el encuentro azaroso entre la música y el cuerpo. El ritmo vertiginoso del baile es una cosa complicada de seguir cuando se esta ebrio, la ebriedad –insisto- es un orden que complica la gracia y el estilo mas no la anula, estas quedan frágiles e imperfectas, pero no desparecen.

Se podría pensar que todo el show se encuentra en las patadas pero claramente no es así: Es el brazo quien sostiene al cuerpo en tan frágil equilibrio… abandonado al ritmo, así, mientras el pie recula y patea hacia atrás, el cuerpo responde inclinándose peligrosamente hacia el frente, parece que va a caer… no sucede. Pero no nos confundamos, el cuerpo de Eufemio de alguna manera sabe lo que esta pasando, y aun responde  a las pausas dramáticas de la cumbia, y a los comienzos de otro vertiginoso ritmo. El cuerpo de alguna manera sabe.

Y del acompañante ¿qué podemos decir de su acompañante? No mucho, intenta infructuosamente seguir los pasos delirantes del amigo, pero esta muy claro que este solo tiene a la música por acompañante. Su incapacidad de compartir los pasos, tiene que ver con la incapacidad de coordinar sus pasos. Lo suyo es el showing off y no atiende a las necesidades de coordinación del baile colectivo, se trata pues de una puesta en escena donde el borracho disfruta más que nadie de la música pero paradójicamente no puede bailar bajo ningún son que no sea el marcado por su ebriedad. Borracho y solitario no recordaría absolutamente nada de lo que ocurrió de no ser por la curiosa  mirada de alguna cámara digital, quien lo vuelve recurso necesario para la mofa fácil y el sinsentido, una estrella mas del youtube, pero a diferencia de otros esperpentos brechtianos encontrados en el tube (el ferras, el canaca, el latas, curiosamente todos hombres) Eufemio esta condenado a disfrutar de manera solitaria de su baile imposible mientras nosotros le observamos con celo y disimulo: abandonar así el cuerpo, entregarlo al alcohol y salir bien librado con ello. El seguirá bailando así por siempre…hará del abandono un trabajo remunerado.

Salirse con la suya y decir, saca las caguamas que yo te bailo, es la utopía liberadora de juan el bailador, aquel que llega para ser marcado por el son… atrapado por toda la eternidad ebria… es un condenado a agotar las potencias de su cuerpo en la soledad de su baile. Mientras nosotros le vemos con algo de azoro y burla pensando… ¿cuándo caerá? Si,  ¿cuándo?

Febrero 2012.

aqui el testigo silencioso:

Creative Commons License

 

~ por 666ismocritico en marzo 1, 2012.

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