Sandra de la Loza

 

 

 

Sandra de la loza y la ciudad navegable

(De monumento y ruina, de memoria)*

 

 

 

“En la persecución, alcanza su autenticidad, su verdadero ser, su desnudes suprema, de paria, de hombre que no pertenece a parte alguna”   Octavio paz.

 

“A muchos nos parece que hemos naufragado en una playa desconocida, que estamos condenados a un pensamiento nomádico o a vivir en una casa en ruinas; no tenemos mas recurso que la mascara de la ironía” Roger Bartra.

 

 

 

I

 

En México la cultura chicana nos concierne de una manera discreta y cercana. Literalmente los chicanos son nuestros hermanos, los pochos son nuestros primos y Aztlan es la tierra donde se dice tuvo su origen la nación Mexica. A los pochos solemos observarlos un poco a la distancia –con sorna, sabemos de su regreso sin rumbo. Desorientados. Mal mascando el español, mal tripiando el inglés. Son gringos -claro, pero de otra forma. ¿También pensamos que son mexicanos? Nosotros creemos que sí. Pero la verdad es que ya no los reconocemos como tales, mas bien son como  los mexicanos  perdidos en esa dimensión desconocida que se encuentra pasando Tijuana y cuyos limites no hay green card que los reconozca.

 

El trabajo de Sandra me interesa. Sin duda, es una invitación a ver juntos, una forma de pensar la ciudad de Los Ángeles, una manera  de ver los antagonismos creados por los  siguientes órdenes que  aún intentan regir la vida cotidiana: clase, etnia y nación.  Éstos rigen en conjunto la vida escrita en los libros de texto,  y es aquí donde la memoria de las cosas vividas es jaloneada por el decurso de una historia negada.

 

Diré que su trabajo es una reflexión con la que me encuentro cercano, habiendo nacido quien esto escribe, en Ensenada B.C. pequeña ciudad portuaria situada al norte del país.

Desde pequeño, entendí que el mundo y nuestra ciudad estaban construidos a partir de una proliferación infinita de fronteras y puentes. Infranqueables algunos, y otros pasos rotos por los cuales cruzaban, huían y terminaban por establecerse los necesitados. Bien, debo decir que Sandra de la Loza nació “del otro lado”. En South Central, Los Ángeles para ser más preciso. Sin embargo, en su casa jamás  pretendieron ser una “embajada cultural” de México, muy por el contrario sus padres –tercera generación de emigrantes mexicanos-  habiendo crecido en la década de los años cuarenta  del siglo pasado padecieron la difícil asimilación y la negación de ser méxico-americanos.

  De Tijuana para “abajo” suele llamárseles “pochos”. Nos burlamos de cómo hablan, “apochados”, entrecortado, con un nada claro acento sajón. Sandra nos cuenta de sus padres: “mis padres vienen de una generación muy asimilada, crecieron con un racismo muy fuerte y directo. No podían entrar en ciertos barrios, no podían comer en ciertos restaurantes, fueron golpeados en la escuela cuando hablaban español…esta generación  internalizó que era mejor  dejar esa cultura. No nos enseñaron a hablar español.”  

 El pocho es el último eslabón roto con la cultura  de México largo tiempo ya olvidada.  Si bien ha olvidado la lengua,  conserva los rasgos que le separan irremadiablemente del wasp. Esto no hizo sino complicar su situación en el país  que de manera tan silenciosa había ocupado. Atrapado entre el rechazo de sus conciudadanos blancos y ante la incomprensión de los parientes  cercanos huye hacia el pasado más seguro: Aztlán lugar común de méxico américa. Surge así el chicano como respuesta al aislamiento  y la incomprensión generalizada.

 

“…creo que la primera generación del arte chicano tenía la táctica de tomar los símbolos y los iconos más fuertes de lo indígena. No somos indígenas, claro,  pero hay una identificación. Heredé los logros de la generación anterior y el arte mexicano.”  Así es como Sandra desde pequeña se ve envuelta por el movimiento chicano de los años setentas, acompañando a su hermano el muralista, Ernesto de la Loza. Fue ahí donde recibió su primer aprendizaje artístico, le ayudaba a  preparar los colores, buscar y seleccionar los muros, también corría cuando era necesario. Sin embargo, Sandra se piensa distante del movimiento artístico chicano: “ veo al arte mexicano posterior a la revolución como un arte anti-colonialista también, en esta urgencia de encontrarse y definirse fuera de paradigmas europeos, para crear su propia identidad, su propia historia, encontrar sus propias formas estéticas. Al principio el arte chicano era muy nacionalista, con mucho romanticismo al igual que el mexicano posterior a la revolución. Gracias a que la primera generación lo hizo, yo no tengo que hacerlo”.

 En la obra de Sandra encuentro una tensión que me parece productiva: dicha tensión es resultado de una tradición de deuda y lucha por el reconocimiento de la cultura chicana, por el derecho al reconocimiento de una ciudadanía plena.

 

 

 Su serie fotográfica “Families Stories” (historias de familias)  es el reconocimiento de esa tensión: deuda familiar, reconocimiento de una falta pero también voluntad de transformar y confrontar los mitos que legitiman los  prejuicios, miedos de la desdeñosa mirada que se posa sobre/contra los méxico-americanos. Ninguna tan dolorosamente equivocada como la que elaboró Octavio Paz en el Laberinto de la soledad,  donde encontramos la figura del Pocho y del Chicano como pura negatividad, sin identidad, sin historia, sin nación; lo propio de los chicanos es No SER, manifestación extrema del mexicano perdido en un laberinto de mitos. Del carácter impotente e inacabado del mexicano, el chicano es su espejo nublado.  Es importante reconstruir la historia de nuestra relación ininterrumpida con nuestros hermanos chicanos. Es en este sentido que las fotografías intervenidas por Sandra cobran una relevancia fundamental, inédita en esta reflexión emergente: las siluetas expresan los signos inequívocos de los roles familiares: madre-hijo-varón-hija-mujer-niño-niña en brazos, etcétera. Todos ellos cumpliendo lo esperado por la mirada de la ideología dominante.

La historia que se narra desde el poder, se pretende familiar, conocida, y aspira a ser la inmóvil presa de la eternidad. Pero las historias que dimanan de esta  sedada y placentera narración son demasiadas para poder ser contenidas en una  sola.

 Por ello,  las historias que se cuentan en las distintas piezas producidas por Sandra de la Loza se encuentran comprendidas, saturadas y excedidas por  esa difícil gramática que conforman los antagonismos sociales, por esa difícil gramática del antagonismo social. La finitud de la Historia es el sueño calmo del opresor. Si  esas siluetas son  invadidas por el graffiti, comprenderemos porque el graffiti  rellena y excede, saliéndose de los márgenes de la imagen familiar pero también  como es que converge y se encuentra, se entrecruza con la Historia de un determinado pueblo, de una subcultura en resistencia. El sujeto de la familia chicana se encuentra atravesado por los conflictos del espacio público, ese “afuera” del cual fueron expulsados los méxico-americanos.

 La Historia de los chicanos es la narración de  ese acontecimiento social negado: las revueltas en los años cuarentas de los pachucos, las zoot zuit battles desde San Diego hasta Los Ángeles. Las huelgas de los piscadores de la uva, Cesar Chávez et al. De su a(i)nterior desaparición de la esfera social.

 La serie busca, pues, confrontar acremente los ideologemas de la familia  como pobre recurso de contención ante la aplastante ausencia del escenario público. Nosotros que no existimos, somos esas fotos. Esos fotogramas muestran nuestra desaparición. El pueblo chicano es una ausencia  en la historia común de dos naciones recelosas.  Et in Chicania ego. Aztlan sigue pesando en las mentes de algunos. Solo por que saben que jamás regresaran. Mientras tanto Sandra cuenta nuevas historias posibles, modifica las posibilidades del pasado aun por vivir, manipula todos los símbolos encontrados en el lugar vacío que ocupa el memorial  de la cultura chicana para que nuestra existencia,Al menos  no aparezca como un relato vacío en busca de sus contenidos políticos.

Frente al imposible reconocimiento del derecho de ciudadanía de la generación pocha Sandra afirma: “la generación de mis hermanos, la del movimiento chicano se rebelo contra todo eso”. El movimiento chicano surge como resultado de la creciente politización norteamericana de los años sesentas y setentas, importante movimiento artístico social de gran resonancia en los posteriores acontecimientos políticos de la comunidad México-americana “veo la generación de los años sesentas y setenta como una generación de lucha anti colonialista. Parte de la colonización  es quitar el idioma, su memoria…”

 

Todo me intriga de esta serie fotográfica. Me intrigan las siluetas con sombras pero sin rostro ni identidad: sujetos ausentes de Historia. Pero por otro lado,  reconozco los ambientes, los materiales,  los grafos, las postales, es en el “porche “de la casa donde puedo reconocer no al rostro sino el espacio que invade al rostro. La silueta no es un pozo insondable de oscuridad, el rellenado de glitter es la manifestación de  una voluntad de narrar una historia inacabada… veo en la ilegibilidad del tagg la posibilidad de una vida, de una biografía que se intenta describirir y narrar de una manera balbuceante.

 Y sin embargo la descripción  goza de cierta exactitud, de cierta pertenencia: alguna vez una mujer con una niña en brazos  poso frente a la cámara. Resultado de la banalidad del documento domestico.  Y sin embargo, no es esto lo que se ve, lo que vemos es el transcurrir del tiempo, la irrupción de lo público y de la Historia sobre el ambiente domestico descrito. ¿En que momento el tiempo, el devenir se convierte en un asunto de la Historia? ¿Es la memoria un recurso suficiente para reconstruir las historias de una comunidad?

En esta serie fotográfica observamos, podemos observar la materialización de la Historia  en un trozo de papel: si sé  de la historia narrada “esa mujer es mi madre, la niña en brazos soy yo”. El tiempo de la espera frente al ojo de la lente de la cámara habla del tiempo de la espera de una generación de México americanos frente a un país que no les reconocía (de ahí la importancia  del graffiti, este funciona como código de reconocimiento en el barrio). En cambio la mirada de Sandra  insemina desde la impaciencia. Sandra, con esta serie fotográfica des/ubica y localiza un presente habitado por un pasado presente y un futuro  desde el presente, ambos irreconciliables y sin embargo también presentes.

                                                                     II.

Abrir la mar de la ciudad, abrir el velamen del auto descapotable, navegar por la senda de la barca seca, salir. Salir a navegar por la ciudad, surcar la avenida como quien desobedece al semáforo apenas rescatado del naufragio, en un mediodía  de calor sin rumbo.

 

Una de las experiencias fundamentales para comprender el trabajo de Sandra es la de la ciudad navegable. La ciudad es un territorio perdido, esta vez como un continente desolado, claramente colonizado por los signos de la deserción de lo social. El paseante camina liberando espacios, el paseante libera espacios tan solo de conocerlos, tan solo de mirarlos, tan solo de darles un nombre otro. Así, contra los proyectistas de la reconfiguracion urbana,  Sandra funda una sociedad fantasma, encargada de repoblar y refundar los espacios perdidos – ahora perdidos, ahora abandonados de la ciudad de Los Ángeles: la pocho research society. Con ella trabaja en el cometido de contraatacar a los proyectistas y urbanistas liberales en su vertiente tecno. Así, en Operación Monumento declara “los monumentos públicos son sin duda alguna, sitios importantes en la proyección y erección de constructos  hegemónicos. Muy seguido monumentalizan versiones heroicas, románticas y militares de la Historia  y por consiguiente niegan densidad y complejidad. Los Ángeles  es un terreno rico y fértil para la investigación de historias derruidas y olvidadas.”

 

Como bien sabemos, el monumento materializa la voluntad de eternidad y de permanencia del poder estatal, nacional, ideologico, simbólico. Tal vez, es por ello, que con la acción de las revueltas urbanas, lo primero  que se derriban son las estatuas y demás monumentos  dedicados a los sueños de eternidad del poder establecido. El monumento apela a la interrupción del movimiento discontinuo de la Historia, a la neutralización de la memoria, apela a la amnesia encarnada en la inscripción de la piedra “ vanitas vitas brevis ”  la vanidad del poder se torna intolerable ante la brevedad de nuestras vidas. Tal vez por eso, Sandra decide no esperar al advenimiento de la revolución y decide en un fino juego de humor crítico erigir monumentos a héroes con un nombre, con una vida, pero desconocidos. Son  ilustres desconocidos que igualmente generan las preguntas necesarias: ¿y a este quien lo puso?   Pregunta fundamental del  ejercicio libre de ciudadanía. Al erigir nombres sin historia pretende con ellos fundar la labor publica de la contra- historia: “tropical América”, “The other ellis”,  y “the triumph of the tagger”, representan trabajos ejemplares de este cometido. Son monumentos pequeños, modestas placas conmemorativas de héroes su generis, taggers, amigos desaparecidos, héroes personales, pero considerados importantes para el  contar de las historias de las luchas por los espacios públicos: las ganadas y las pérdidas. Son pequeñas semillas, granos de contra- historia, lanzadas al espacio urbano en espera de que algo pase con ellas.

 

 Que los monumentos- antaño  obra de sedentarios- ahora decidieran caminar y trasladarse, seria una agradable sorpresa para todos. Semillas nómadas sin duda, en espera de las siguientes lluvias, y por la continuidad del ciclo de las luchas, por la continuidad de la vida.

 

*

El presente articulo en un primer momento se pensó enviar a un periódico Madrileño por lo que se escribió pensando  en lectores de la península ibérica, el texto sin embargo jamás se envió.

 

Nota. La subcultura chicana es prácticamente desconocida en el medio editorial español aun cuando tras los movimientos chicanos de los años sesenta y setentas estos recibieron el reconocimiento y legitimación de la affirmative action. En España es muy poco lo que se sabe de ellos, en el caso mexicano no es así, muy por el contrario, son considerados de alguna manera como parte paradójica de los orígenes de México como nación. Para los Aztecas, los orígenes de su imperio se encontraban en una tribu nómada que había venido de Aztlan (al noroeste de la frontera México-estadounidense), posteriormente tras la perdida en el siglo XIX de los territorios de Texas, Arizona y California una cantidad importante de mexicanos decidieron quedarse ahí, incluso debo mencionar la siguiente anomalía: en el territorio de Texas se encuentran varias familias que nunca han dejado de considerarse súbditos de la corona española, o al menos no se consideran mestizos sino descendientes puros y directos de los españoles. Todavía en el siglo XX con la Revolución Mexicana, alrededor de un millón trescientos mil mexicanos decidieron emigrar al “otro lado”, muy pocos regresaron (es el caso de la reconocida antropóloga Anita Brenner) y como ustedes saben la economía de libre mercado no ha dejado de ser en los últimos tiempos la principal impulsora de la migración rampante hacia tierras gringas.

 

Intimezav. Miércoles, 12 de abril de 2006

(Terminado el día 15 de marzo del 2007)

 

 

 

 

[1]  Aquí la identificación no supone la identidad con el productor de la imagen, no es Flaubert y el siglo XIX quien identifica la autoridad de la Historia, Sandra muestra en cambio la irrupción de la comunidad, de una cierta historia, de muchas historias todas ellas luchando por ser escuchadas, por ser vistas: sombras somos todos, esa silueta somos todos . al fin y al cabo todos somos pozos de humanidad…

Creative Commons License


~ por 666ismocritico en agosto 11, 2009.

2 comentarios to “Sandra de la Loza”

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