Conversación con Zitlalxochitzin

huitziltepec 

 

 

 

Esta construcción es como una nave espacial firmemente anclada en tierra pero apuntando al cosmos.

Conversación con Filo

Inti Meza Villarino

l.

 

Somos indígenas, somos anticapitalistas y de izquierda, y sobre todo y ante todo, somos guadalupanos.

 

Zitlalxochitzin, mejor conocido como Filo, es un joven personaje del renacimiento indígena contemporáneo. Su labor primordial es la construcción de constelaciones autónomas. Desde su centro de operaciones en el pueblo de Huitziltepec impulsa una renovación de la vida indígena, brindando a su comunidad interrogantes urgentes, al tiempo que ofrece la búsqueda común de las respuestas. Filo confronta de distintas maneras a su comunidad, desde la construcción de una nueva pirámide que celebra los símbolos del porvenir, hasta la ocasión en que, durante el paso de la otra campaña por Puebla, se presentó travestido y narró las desventuras de la jotita zapatista ante las miradas azoradas de los habitantes de su pueblo, mientras el subcomandante Marcos, absorto, anotaba en su libreta sus impresiones (un fragmento en video de la jotita zapatista podrá consultarse en nuestro blog). ¿Qué más podemos pedir en el 666?: acudimos entusiastas a entrevistarlo. Lo primero que te atrapa es su plática desenvuelta, inteligente; durante la conversación aborda con gran convicción diversos asuntos, lo mismo comenta sobre el futuro del movimiento indígena que sobre la historia social del mundo, discurre apoyándose en argumentos provenientes de la antropología, la arqueología y la historia, y el resultado es una mezcla de saberes desordenadamente expuestos. Tal vez el compartir y el conversar fueron algunas de sus razones para fundar la primera escuela autónoma que existe fuera del territorio zapatista. En ese “pequeño terreno liberado de Puebla” se enseñan y se aprenden las más distintas disciplinas; lo que se intenta construir en esa pequeña aula es una ciudadanía indígena de nuevo cuño, un ejercicio pedagógico de corte libertario.

 

2.

Este guadalupanismo nada tiene que ver ni con el cristianismo ni con la iglesia católica. En este otro guadalupanismo no hay virgen Maria ni Jesucristo, no hay Biblia ni Papa. Este otro guadalupanismo es una nueva concepción del universo, del mundo y de México.

 

De todas sus ideas, destaco su intención de colapsar el mito mariano de la virgen de Guadalupe. Sus indagaciones iconoclastas, desarrolladas en el Manifiesto guadalupano (2007), lo llevarán a conformar una metafísica (desastrada por cierto materialismo) que interpreta el lienzo guadalupano como representación clave para comprender el devenir histórico de los pueblos indígenas. Desmonta el culto mariano analizando la antigua tela que da cuenta y fe de la aparición de la virgen ante Juan Diego. Interpretando los símbolos dispuestos sobre la pintura, encuentra la persistencia de la antigua sabiduría de los pueblos originarios: el cuadro guadalupano es un códice escrito por indígenas para los pueblos indígenas y no fue pintado por algún fraile español para aquietar indios furiosos. Este descubrimiento le permitirá desarrollar con libertad una nueva narración que reinventará el culto mariano. De la reiterada observación de la pintura resulta un procedimiento hermenéutico que descifra el destino de los pueblos nahuas, su voluntad de supervivencia y la armonía perdida del universo. Pero cuidado: no está hablando de ningún destino malhadado por los dioses, la caída se ve precedida por la imposición del colonialismo y la silenciosa llegada del capitalismo, rasgos fundacionales de nuestra modernidad.

 

3.

Los seres humanos venimos de los primates y de las bacterias, pero también de las estrellas y galaxias.

 

Para Filo hay una continuidad en lo existente que atraviesa al cosmos, pretende hacer una síntesis de los saberes de la humanidad, ligándolos con los orígenes de la tierra, formando una totalidad delirante en clara comunión con el resto del universo: el meteorito que choca con la tierra ya trae los elementos necesarios para la creación de la vida. La doctrina de la “panspermia cósmica” implica una doble afirmación, materialista y vital a un tiempo, materialismo desbordado cuya raíz poética deambula sin riesgo entre el mito y la verdad. También vislumbra una ontología política: ser uno, como se puede ser otro, ser dos, ser acrecentándose en su indivisibilidad con el mundo, con el universo y con la planta del cosmos.

 

4.

La conversación tuvo lugar en el poblado de Zirahuén, Michoacán, el 18 de noviembre del 2007, durante el Segundo Encuentro Nacional de Jóvenes por la Autonomía. Muy temprano por la mañana, en medio de la neblina que lentamente se dispersa con los primeros rayos del sol, antes de que despierte la gente del campamento, la grabadora se enciende y esto es parte de lo que registró:

 

Has mencionado que no se trata de reescribir la historia, sino de atenerse a los hechos tal como fueron. ¿Cómo lidiar, entonces, con un lenguaje que puede tener un cierto contenido poético, sin que su discurrir crítico deje de ser verdad (no es falso)? ¿Lo que estás intentando hacer con el otro guadalupanismo es una especie de afirmación del culto mariano, dándole una connotación libertaria, emancipadora, afirmativa?

Bueno, primero en cuanto al lenguaje. Ahí en mi pueblo estamos rodeados de pueblos que todavía se hablan en mexicano, pero en nuestro pueblo hay quien dice que ya no se habla la lengua. Yo digo que sí, sobre todo en los giros lingüísticos, en las expresiones metafóricas, o sea la lengua se sigue hablando. Llegamos a tal grado que nuestro español es una traducción del náhuatl al español. Si escuchas a un señor que de repente llegó, me saluda y dice: “Mi alma, ¿cómo amaneció hoy tu corazón?”, es una traducción literal de como se habla en mexicano, o luego cuando una señora le habla a su hija y le dice: “¡Ya te ensuciaste la cara!”, o sea, ya perdió su reputación, porque anda de loquita, o “¡Tu cara ya está chimeca!”, o algo así. ¡Hay muchas! Debería hacer una recopilación de expresiones… De repente escuchas a la gente hablar, al utilizar verbos, y son palabras en náhuatl. Lo que quiero decir es que tenemos una manera propia de hablar y que tal vez ante los ojos de un gramatista español, le parecería incorrecta nuestra forma de hablar, pero no, yo no creo que hablemos mal. Más bien hablamos a nuestra manera. Lo cierto es que sí tenemos que buscar una manera de darnos a entender con los otros, porque si no, se crea una especie de barrera entre las comunidades que hablan a su manera, que sigue siendo la lengua indígena. Si pasa el caso extremo como el que te digo: en mi pueblo se habla en castellano, ¡pero no!, la raíz y el fondo siguen siendo indígenas.

 

La manera de pensar sigue siendo indígena…

La manera de pensar, claro. ¿Cómo logras comunicar eso con el mundo occidental sin que se cree una barrera ni un choque? Es posible. Nosotros no estamos rechazando la cultura occidental, ¡para nada! No, al contrario, creo que nos hemos enfocado mucho más a la ciencia occidental, al pensamiento racional. Creo que es posible, dentro de la comunidad, conservar esa manera de hablar, de ser, de decir, de pensar, de filosofar, hasta eso, y poder expresarlo eso al mundo exterior y decir qué es lo que queremos. En cuanto a lo que dices del guadalupanismo, yo más bien veo…, pareciera, y por eso te decía que tenía esta discusión con un antropólogo, porque él me insistía que “esto es un proyecto personal, lo que tú quieres de la guadalupana”, y lo que yo le decía es que había que entender, yo no estoy inventando nada, nos hemos dedicado a investigar, todo esto de la guadalupana es el resultado del mismo proceso histórico de los nahuas. Cuando estaba en Vicam[1] decía… Hay un error bien grande: he hablado con los chavos de la mexicanidad, y ellos dicen que todos somos descendientes de los aztecas y tenemos que ser orgullosos de los aztecas, y yo les decía pues que yo no soy azteca. Para ellos era una blasfemia: “¡¿Cómo que no eres azteca?! Pero si nosotros somos los…”, como si la historia pasara en el centro del país nada más.

 

Y no hubiera ocurrido nada en Baja California o en Puebla…

A nosotros nos queda claro que los aztecas fueron uno de los pueblos nahuas, y había otros con los que estaban en conflicto, como Tlaxcala misma o Huexotzingo o Cholula. Los pueblos nahuas —eso es lo que yo decía en Vicam— han habido, hay y algunos ya no están, como los aztecas, o sea hay pueblos que desaparecieron, o sea pueblos nahuas, pero la cultura nahua como cultura en sí, no ha desaparecido. Habemos otros pueblos…

 

No es una sola cultura…

Como cultura, es una cultura, pero está formada por muchos pueblos, y en nuestro proceso, algunos han desaparecido por las circunstancias históricas, como el caso de los aztecas, lo que les hicieron a sus ciudades y todo lo que vivieron ellos por estar al frente en ese entonces. Digo eso porque a final de cuentas la historia de la cultura náhuatl tiene relación con todos los nahuas, entonces en esa historia pues claro que tiene que ver [con nosotros] lo que ocurrió en Tlatelolco. Y platicaba ayer cómo un tlacuilo pinta esa pintura como una estrategia de resistencia cultural religiosa y entonces ellos lo hicieron no única y exclusivamente para los supervivientes de Tlatelolco, sino que es un legado para todos los nahuas, y para todos los pueblos indígenas. Como culturas, somos diferentes una de otra. En clase lo platicábamos: había un vínculo común que nos daba el carácter de una civilización con diferentes culturas. Tengo una abuela en el pueblo y han ido antropólogos a grabar su canto, porque ella canta un canto a la dualidad y se dirige a la guadalupana, le canta a Tonantzin pero también dice Totatzin: “Tonantzin cuatemitzin, Totatzin”. Le está cantando a la dualidad y un antropólogo de Puebla decía: “Esto es increíble, es el concepto de la dualidad de la cultura náhuatl, del Ometeotl. ¡Quinientos años después, aquí está una mujer cantando!”

 

¿Qué significan Tonantzin y Totatzin?

Tonantzin es la parte femenina y Totatzin es la parte masculina. En la cultura náhuatl se tiene la idea que el universo es dual: hay una parte femenina y una masculina. La parte masculina está representada por el calor, el sol, y la parte femenina por la tierra, la oscuridad, las estrellas. Ese mismo concepto dual aparece en los códices mixtecos, y en los mayas aparece como el Kavahuil (el de los dos collares). Las lenguas son diferentes, hasta los sistemas de escritura son diferentes, muchas cosas son diferentes de una cultura a otra, los nombres de las deidades, pero hay un vínculo común: el pensamiento de la dualidad. Se da en todos los pueblos de Mesoamérica. De la cultura náhuatl, la que a nosotros nos tocó heredar, tenemos una relación con Tlatelolco. Tampoco estoy diciendo que seamos descendientes de los aztecas, pero como cultura, somos una sola. Al reivindicar la cultura náhuatl, lo estamos haciendo con la Guadalupe, es un códice de la cultura náhuatl. Lo que hacemos es estudiar esa época histórica, comprender. La idea se va extendiendo cada vez más. En el mejor de los casos, yo soy el portavoz, el que está hablando de esto. Los hechos ahí están para cualquiera que quiera estudiarlos, esto no es una invención personal, somos varios. De hecho, en Ixtepec me invitaron a hablar sobre eso, hicieron una asamblea, estaban ahí señores y señoras totonacos escuchando. Yo tenía un intérprete de español a totonaco. Parte de lo que yo decía ayer —y a lo mejor hasta [lo decía] con palabras más fuertes ahí, porque tenía que decirlo así—, ellos lo estaban escuchando y pues yo hasta tenía un poco de miedo ante la reacción. Pero no, ellos nada más escucharon, no dijeron ni sí, ni no, ni si estoy en contra o a favor, ni te creo o no te creo, ellos escucharon.

 

Fueron respetuosos…

Pasó el tiempo, no sé, un año, y me volvieron a invitar a ir, pero cuando fui, ya no fui a hablar y ellos ahí sentados, fui como espectador. Ellos estaban haciendo una celebración a Tonantzin, sin cristianismo, sin Jehová, sin virgen, sin nada. Era una veneración. Ahí donde pusieron a Tonantzin hicieron una cruz como la de Quetzalcoatl. Ellos lo han sabido mantener: los del Tajín con sus cuatro voladores, toda la simbología está ahí, permanece, estaba el agua, el fuego, la tierra, sus maíces de colores, una cosa hermosísima lo que hicieron ellos ahí, todos sus cantos en totonaco… Ya no iba a enseñarles, más bien estaban tomando las riendas de su propia historia y espiritualidad. Me han dicho que los curas de la Sierra Norte se burlan de mí de manera muy despectiva y me dicen que soy “el piramidista”, y uno de ellos, el padre Gustavo creo se llama —los conozco, hasta eso—, éste dijo: “…y es que este piramidista nos vino a alborotar a los indios.” Pero pues no, no es un proyecto personal, es nada más nuestra lucha como pueblo y eso hay que compartirlo.

[1] El poblado de Vicam, Sonora, fue sede del Encuentro de los Pueblos Indios de América, realizado del 11 al 14 de octubre del 2007.

Creative Commons License


~ por 666ismocritico en febrero 9, 2009.

2 comentarios to “Conversación con Zitlalxochitzin”

  1. […] Enlace original de la entrevista: https://666ismocritico.wordpress.com/2009/02/09/conversacion-con-zitlalxochitzin/ […]

  2. […] Enlace original de la entrevista: https://666ismocritico.wordpress.com/2009/02/09/conversacion-con-zitlalxochitzin/ […]

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