Archipiélago Latinoamericano (Editorial)

 

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A veces Utopía no es una isla desierta…

 

 

Cuando yo digo utopía pienso en la revolución. La Comuna de París, los primeros años de la revolución rusa, eso es la utopía; y eso es la política. Ser realista es pedir lo imposible; Baudelaire y Marx tenían los mismos enemigos. ¿O vamos a entender la política como la renovación parcial de la cámara legislativa…? En este país hay que hacer la revolución. Sobre esa base se puede empezar a hablar de política.

Ricardo Piglia

 

Venid lectores, venid, al gran teatro de las simpatías afines.

Venid lectores, venid, al gran teatro de las obsesiones.

Luis Rafael Sánchez

 

500 años y seguimos contando… América Latina ya no quiere esperar más. Tiene mucho que decir. Sus pueblos han roto distancia con la metrópoli, el mundo de la globalización se hace pequeño y estamos decididos a caminar la distancia que media entre la pobreza y la fértil promesa de felicidad. Andando el camino del extravío nacional no somos tan diferentes, lo único que se mantiene es esta dolorosa e intolerable desigualdad económica y la explotación. Caminamos como escribimos, cargando nuestros deseos. Aspiramos a que este territorio nuestro se torne una realidad distinta, no más endeudada, no más hipotecada ni vendida. Somos esta ausencia que sin embargo pesa al describir el mundo, somos un mundo que, pese a su ausencia en la historia, permanece en los sueños de muchos. Somos tantos…, tan pocos…, demasiado pocos…, pero somos tercos y perseveramos en nuestra existencia.

 

Aun siendo el campo literario tan importante para la comprensión del poder político en la historia de América Latina (la ciudad letrada de Ángel Rama), comprendemos perfectamente que no será librando “batallas literarias” como logremos desafiar a la cultura hegemónica. Sí pensamos, en cambio, que la literatura en nuestro continente ha producido monstruos y héroes que mucho tiempo después han encarnado en nuestra Historia, dotando a la producción literaria de un peso ontológico fundamental para nuestra comprensión del mundo. El hype de la (nueva) literatura latinoamericana es para nosotros una historia vieja e ilegible, tal vez por ello rescatamos al último escritor de la vieja guardia, Roberto Bolaño. Underground por default, disfrutó sin duda en los últimos años de su vida del reconocimiento de la critica y del mercado, pudo observar el creciente oportunismo de sus “colegas”, también pertenecientes a la vieja guardia. El hecho de que en Los detectives salvajes Arturo Belano decidiera desaparecer bajo el manto de una muerte bella (sacrificada y estéril) lo vuelve inmediatamente de la old school. Una muerte bella pero inútil sigue siendo parte de la estetización de la política que tanto nos asquea.

 

Los escritores realmente jóvenes y los viejos también —no hacemos distingos generacionales— deberán escribir la vida de nuestro planeta como si el mundo fuera habitado por una turba de niños ingenuos, no sordos pero ciegos, frase enigmática sin duda: ¡huyan del diamat reload! La dignidad deberá suplantar a la belleza, la belleza deberá ser digna o será mejor que siga su curso en la larga historia de los derrotados. Como solía decir Ernst Bloch, “el carácter esencial de la literatura es tratar lo todavía no manifestado como existente”: creemos que siempre habrá un fundamento utópico en la literatura. Un esfuerzo más, compañeros, atrevámonos a suponer otra vida, ¡escribamos sobre ella, ensayemos, realicémosla! Desde la historia de nuestro proceso decolonial hasta nuestro reencuentro con la modernidad indiana [nuestro pasado, nuestro futuro], habremos de leer y rescribir nuestras historias. Aún esta  por decidirse quienes serán  sus protagonistas, de eso no nos cabe la menor duda.

 

Hombres de maíz, hombres de agua, hombres de sal, hombres de azúcar, brazos de sal, brazos de azúcar, tallo de agua, tallo de flor, mano de sal, mano de azúcar… El latinoamericano escribe nuestra historia diciendo brazos de mar, sal de nuestro tallo, plantas de piel, miradas de tierra, miradas de mar. Describir nuestras vidas a partir de lo que somos, de lo que comemos. Somos leídos como antaño devorados. Es literatura colonial exigiéndonos que seamos como ellos: ser otro, deseo colonial de ser otro, siendo el mismo.

 

Se trata de escribir nuestras historias, con nuestros Herrores, se trata de hablar intentando comunicar lo que hay de común en la vida. Se es innovación en nuestro ha-cer, ser rajado, como las piedras, como las patrias, como la tierra, como el agua.

 

La modernidad como tiranía, la modernidad como inauténtica. La modernidad como pendejada pasajera. Tanta contradicción, tanto cambio de norte y de la brújula, tanto borrón y cuenta nueva, hacen a la modernidad apetecible a los falsificadores y los verdaderos, a cegatos que ayer volvieran a inventar la pólvora y a quienes retoman los colores primarios y las palabras de siempre con la disposición de conocer lo que, honestamente, desconocían.

Luis Rafael Sánchez

 

Modernidad maniatada, atavismos de nuestra modernidad, modernidad colonial, rapacería de vuestra ignorancia. Latinoamérica como limite de la modernidad, desnudamiento de la ambición moderna, modernidad rapaz, hambrienta de carnaval masivo, de esclavos huidos, Latinoamérica en fuga definiendo así su participación desigual en la modernidad planetaria, modernidad capitalista, modernidad colonial, modernidad, bondad de nuestro deseo de ser libres, deseo insatisfecho aún en nuestros días…

 

Latinoamérica cosmopolita, deseo y mitificación de imbéciles y presidentes por igual, mientras tanto, se va construyendo otra cosa, propia sí, cosmopolita también, pero sobre todo propia. Soliviantando nuestras derrotas, olvidando y rescribiendo nuestra permanencia, recordando y rescribiendo nuestras vidas, de todos conocidas. Lograr hacer uno de ninguno, lograr hacer dos de uno, lograr hacer tres de dos, acrecentando, incrementando nuestro número, más roto pero dado, nuestro ser se hace muchos.

 

¿Cómo podemos tener una relación de cercanía y al tiempo una distancia con Latinoamérica? La habitamos en su cercanía, la vivimos como una distancia insalvable entre nuestros deseos y nuestras realidades. Nuestras lenguas conforman una extraña geografía fantástica habitada por cada uno de nosotros. ¿Cómo pensar este territorio real y común que es nuestra lengua latinoamericana codiciada y despreciada en la metrópoli, que aún se sueña colonial (Méjico, Méxsico, Méhxico)?

 

Simpatias afines y obsesión por la utopía son dos personajes conceptuales creados y recreados por los autores convocados en este nuevo número del 666. Giramos en torno a Latinoamérica sin poder salir del todo de su eje vital; rotando creamos un difuso bucle de realidad, que a cada retorno nos dice nuevas cosas del continente isla, en cada retorno surge una aventura distinta. Nuestro archipiélago latinoamericano flota apenas unos cuantos centímetros sobre el mar, separado del resto del mundo, en medio de dulces ensoñaciones coloniales. Que finalmente toque tierra es todo lo que pedimos.

 666 Satan Ismo Critico

Creative Commons License

~ por 666ismocritico en diciembre 21, 2008.

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