Radios Libres, espacios sin dueño

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Radios libres, espacios sin dueño

“La comunicación no es un instrumento de la acción política, sino la acción política misma” Franco Berardi, Bifo 

 “Habla, para que pueda verte” Geog. Lichtenberg    

“Radio Alice emite: música, noticias, jardines en flor, conversaciones que no vienen a cuento, inventos, descubrimientos, recetas, horóscopos, filtros mágicos, amor, partes de guerra, fotografías, mensajes, masajes y mentiras”Presentación de Radio Alice en una de sus primeras emisiones en 1976.   

   

En 1887 Hertz trabajaba arduamente en la búsqueda de un sistema de comunicación sin hilos, lo que descubrió este alemán fue un sistema de transmisión de ondas. En Francia, tres años más tarde, Branly construyó un artefacto que permitía detectar las frecuencias radianas.  Al poco tiempo el ruso Popov encontró un mejor sistema para enviar y transmitir ondas: un hilo metálico, o propiamente una antena. En el mismo año, pero en Italia, el joven Marconi, de apenas veinte años utilizó los inventos de Hertz, Branly y Popov y estableció finalmente un sistema de radiocomunicación. Así, la radio como la mayor parte de los grandes descubrimientos-inventos (dejemos para otra ocasión la polémica de cuanto es uno u otro) es el resultado de un saber cooperante.

Aunque tradicionalmente se le atribuyó a Marconi la invención de la radio, sería mejor precisar que fue el quien adquirió la patente de un  desarrollo colectivo. Lo cierto es que le debemos a Guglielmo Marconi la primera transmisión de una voz humana, con lo cual las aventuras científicas adquirieron de pronto una importancia social. Por primera vez, la voz que se transmitía a través de las ondas  ampliaba las posibilidades de la conversación. Potencialmente la técnica se ponía al servicio de la más esencial y elemental de las cualidades humanas: el habla. Así, todos aquellos que no comparten la misma mesa pueden  tomar parte en la misma conversación. Tal es la magnitud de ese gesto, unas cuantas palabras transmitidas abría nuevas posibilidades para la construcción del espacio público que requiere la sociedad de nuestros tiempos. 

En 1897 O J. Lodge inventó  el sistema de sintonía que permite utilizar el mismo receptor para recibir distintas emisiones, introduciendo en términos estrictamente técnicos la posibilidad de librarnos de la tiranía y el absolutismo de la voz única. En los primeros años del siglo XX, el norteamericano Lee De Forest se dedicaba a desarrollar un sistema de comunicación para los barcos de la marina estadounidense. Forest grababa cada una de las pruebas y las escuchaba de nuevo en el fonógrafo. Durante las sesiones de escucha se dio cuenta de que los operadores y los otros marinos que estaban alrededor disfrutaban bastante las transmisiones grabadas,  entonces se le ocurrió hacer transmisiones de música y voz  para los marineros.  La primera intención de De Forest  era vender el sistema de comunicación a la marina  y obtener algún ingreso, y posteriormente usar el mismo sistema para sus transmisiones musicales.  De Forest era asiduo a  la ópera y pensaba que al no tener todo mundo los recursos para pagar un buen teatro, el podía realizar un concierto para una mayor cantidad de público a través de la radio. Un par de años mas tarde, en  1916, De Forest puso su propia estación, pero fue cerrada por el gobierno, eran los años de la guerra y el gobierno consideraba peligrosa cualquier transmisión no militar.  Al finalizar la guerra, de Forest pensó que podía reanudar sus transmisiones, después de todo el período de la seguridad extrema había terminado. Una vez más el gobierno norteamericano le impidió continuar  argumentando que estas eran exclusivas de las operaciones militares y que se prohibía su uso para el entretenimiento. Cuando finalmente el gobierno abrió la posibilidad al uso de las frecuencias para fines no militares le cedió ese espacio a la KDKA, la primera radio comercial que dio inicio a la difusión radiofónica de los veintes.

En la mayoría de los países la radiodifusión quedó en manos del Estado y  de la iniciativa privada con lo que se limitó el acceso a las frecuencias a cualquiera que quisiera hacer uso de ellas. Una de las formas de regulación fueron las licencias, los permisos o concesiones con requisitos que han funcionado como abiertas limitaciones. El control sobre la radio se debe en gran parte a los poderes de subversión  y de creación de consenso político de este medio. De ahí que la historia de la radio no se reduzca a la del monopolio estado-empresa, sino habría que incluir a las radios independientes, piratas, obreras, libres que han entrado a la lucha política a través de los medios.   

Desde sus orígenes la radio fue un instrumento de comunicación sumamente sencillo, alguna vez Guattari se refirió a el como “el medio pobre” por lo fácil que es montar una señal: bastan unos cables, un transmisor, una frecuencia en FM y se esta al aire. De ahí que sean las radios y no la televisión el medio que puede propagarse con mayor facilidad. La sencillez en términos técnicos de la radio le da un carácter político claro:  posibilita  la toma de palabra de sectores que por cuestiones político-económicas tendrían totalmente negado el acceso a un medio. Las radios libres son una manera de hacer de la radio una verdadera institución pública. No hablamos aquí de la institución a la manera estatal sino una institución en el sentido antropológico. Es decir, espacios que adquieren su legitimidad no en el ámbito jurídico, -recordemos que las radios libres no dependen ni del Estado, ni de los partidos políticos ni de organismo alguno- sino en lo que algunos teóricos como C. Castoriadis han dado en llamar el poder instituyente, ese poder que no es de nadie, un poder del que los individuos forman parte y son capaces de transformar de forma colectiva.

Así pues, los individuos autónomos son capaces de tomar sus propias decisiones y  hacer uso de los medios  para construir comunidades libres. El acceso libre a las frecuencias debería ser una condición necesaria al interior de una sociedad democrática, ¿Acaso hay que pedir permiso para hablar? De ahí que los proyectos de radios libres no estén interesados en responder a los estatutos legales, que no estén dispuestos a legitimar una ley que atenta contra la más elemental de las facultades humanas. Las radios libres son una manera de ejercer la autonomía, de participar en la política y tener una incidencia sobre el entorno. Este carácter autónomo se presenta de distintas maneras: a) Como fuentes de contrainformación, sobre todo en los momentos en que la información es controlada por el grupo político dominante. b) Se escuchan otras voces que no tiene espacios para manifestar sus inquietudes. Muchas veces se trata simplemente de conversaciones coloquiales en las que el vocabulario, los tonos, las formas de expresión no son las que se transmiten en los espacios comerciales o estatales, lo cual implica ya un cambio, recordemos esa frase de Paolo Virno “la charla no representa nada, pero precisamente por ello puede producir todo”. c) En las radios libres no existe el trabajo asalariado, quienes trabajan en ella no tienen como motivación principal un pago sino una voluntad de trabajo colectivo, rompiendo de esta manera con el trabajo alienante.  d) Al no existir el trabajo asalariado se rompe con la división del trabajo tal y como se establece en el capitalismo: muchas veces el locutor es productor, reportero, guionista, conserje, dj, quien repara el transmisor etc, así como el radioescucha puede convertirse en reportero, asesor técnico, informante, entrevistador, o entrevistado. e) Se produce un feedback entre los radioescuchas y quienes hacen la radio con el propósito de formar comunidades y socializar el conocimiento. f) La programación no se rige  por el mercado, no importa  el rating, no depende económicamente de la publicidad  y por supuesto la payola no es el criterio de selección musical, con lo cual se abren las posibilidades estéticas.

En las radios libres es posible conversar por horas con personajes inexistentes sobre temas inverosímiles, escuchar las ruedas de una carreola que es conducida hacia el centro de una manifestación,  el estruendo del granizo sobre un techo de lámina, hacer de la música ye ye un manifiesto político, escuchar un disco completo de una orquesta de elefantes o una sinfonía de grillos… después de todo el tiempo de las radios libres no se rige por los limites impuestos por el capital. No olvidemos que la producción de imaginarios es central para la transformación social, y no nos referimos solamente a la producción de discursos políticos libertarios, nos referimos también a la importancia de las experiencias estéticas en la construcción de una nueva visión del mundo. Las músicas que escuchamos forman parte de nuestras afinidades electivas, no son elecciones azarosas, sino simpatías hacia determinadas formas de vida, de ahí la importancia de las radios libres como espacios en los que es posible construir y transmitir alternativas sonoras, espacios en los que los sonidos del entorno, -esos  ruidos que produce el metabolismo incesante del mundo social- se escuchen en la comunidad que los produce y transforma.  Juntemos los cables, montemos la antena, armemos el transmisor e iniciemos la conversación o ¿por qué no? pongámosle play a esa música que deseamos compartir. 

    Miriam Licón     

~ por 666ismocritico en febrero 6, 2008.

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