“Excursión Sonora” de Hildegard Westerkamp

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Excursión sonora

Hildegard Westerkamp* 

Una excursión sonora (soundwalk) es cualquier salida cuyo propósito principal sea escuchar el entorno. Es exponer nuestros oídos a cada sonido que nos rodea, sin importar dónde nos encontremos. Podríamos estar en casa, o caminando tal vez por una calle del centro de la ciudad, por un parque, por la playa; podríamos estar sentados en la sala de espera del doctor, en el recibidor de un hotel, en un banco; podríamos estar comprando en un supermercado, una tienda departamental, una tienda de legumbres china; podríamos estar esperando en el aeropuerto, en la estación del tren, en una parada de camión. Donde quiera que sea, demos prioridad a nuestros oídos. Los hemos descuidado mucho tiempo y, como resultado, hemos hecho poco por desarrollar un entorno acústico de buena calidad. Escuchar de esa manera puede ser una experiencia dolorosa, agotadora, porque nuestros oídos están expuestos de manera continua a demasiados sonidos demasiado fuertes o demasiado carentes de sentido. Tratar de ignorarlos, no obstante, tiene aún menos sentido. Como no podemos cerrar nuestros oídos, no podemos evitar escuchar todos los sonidos. No importa cuán fuerte intentemos no hacerle caso, la información entra al cerebro y busca ser procesada. Física y psíquicamente, tenemos que dar cuenta de todos los sonidos, aunque nuestros oídos los perciban inconscientemente. Además —y es lo más importante—, desensibilizamos nuestras facultades auditivas al dejar fuera los sonidos, e impedimos así que nuestros oídos ejerzan su función natural. 

A menos que podamos escuchar con atención, hay peligro de que algunos de los sonidos más quedos y delicados pasen inadvertidos por nuestros oídos anestesiados y se pierdan entre las muchas voces mecanizadas de los paisajes sonoros modernos, hasta desaparecer por completo. Por lo tanto, nuestra primera excursión sonora busca exponer a los escuchas al contenido total de su composición ambiental, de modo que es muy analítica. Pretende ser una introducción intensa a la experiencia de escuchar sin compromisos. Una excursión sonora se puede diseñar de muy diferentes maneras. Puede realizarse solo o con un acompañante (en este caso, la experiencia  auditiva es más intensa y puede ser muy divertida, como cuando una persona es vendada y guiada por la otra). Puede hacerse también en grupos pequeños. Siendo así, es siempre interesante explorar la interacción entre la escucha individual y grupal, alternando entre caminar a cierta distancia o justo en medio del grupo. Además, la excursión sonora puede cubrir un área amplia o centrarse en un solo punto. No importa la forma que tome la excursión sonora, su cometido es redescubrir y reactivar nuestro sentido de la escucha. La primera excursión sonora puede hacerse donde sea, en cualquier momento y tan seguido como se desee. Para lograr mayor intensidad, tal vez sea prudente limitar la caminata inicialmente a un área pequeña o incluso a un punto en particular. Diferentes personas soportan caminatas de distinta duración. En cada caso, la duración dependerá del tiempo que tome quitar las barreras auditivas iniciales, de la profundidad del involucramiento y de la fascinación que pueda encontrarse en dicha exploración. 

Inicia escuchando los sonidos de tu cuerpo mientras se mueve. Son los más cercanos a ti y establecen el primer diálogo con el entorno. Si puedes escuchar hasta el más quedo de los sonidos, estás en un entorno de proporciones humanas. En otras palabras, con tu voz o tus pasos, estás hablando con el entorno, que responde dándole a tus sonidos una calidad acústica específica. 

Trata de moverte

sin hacer ningún sonido.

¿Es posible? 

¿Cuál es

el sonido más quedo de tu cuerpo?

 (Si no puedes oír los sonidos que tú mismo produces,

entonces el paisaje sonoro está fuera de balance. Las proporciones humanas

no tienen sentido aquí. No sólo son inaudibles tu voz y tus pasos,

sino que tu oído está recibiendo una sobrecarga de sonidos). 

Aleja tus oídos de tus propios sonidos y

escucha los sonidos más cercanos.

¿Qué escuchas? (haz una lista) 

¿Qué más escuchas?

Otra gente

Sonidos de la naturaleza

Sonidos mecánicos 

Cuántos

sonidoscontinuossonidos sonidoscontinuossonidos 

¿Puedes detectar

ritmos interesantes,

pulsos regulares,

los tonos más altosy los más bajos? 

¿Puedes escuchar algunos

sonidos intermitentes o discretos

crujidos

estallidos

agitaciones

opacidadades?

¿De dónde vienen los diferentes sonidos? 

¿Qué más escuchas?

Aleja tus oídos de estos sonidos y escucha

más allá – – – – a la distancia.

¿Cuál es el sonido más quedo?

¿Qué más escuchas? 

¿Qué más?

¿Qué más?

¿Qué más?

¿Qué más? 

Hasta ahora, en tu escucha has aislado algunos sonidos de otros y los has conocido como entidades individuales, pero cada uno de ellos es parte de una composición ambiental más grande. Así que vuelve a juntarlos y escúchalos como si se tratara de una pieza musical tocada por muchos instrumentos distintos. ¿Te gusta lo que escuchas? Escoge los sonidos que más te gusten y crea el paisaje sonoro ideal en el contexto de tu entorno actual. ¿Cuáles serían sus principales características? ¿Este paisaje es sólo un sueño idealista o podría hacerse realidad? 

Sospecho que la idea de salir a caminar no existe en las tribus nómadas o en las sociedades  rurales. La gente se encuentra en contacto activo con la naturaleza de manera cotidiana y sus costumbres están profundamente integradas con su ambiente natural. En la vida urbana, sin embargo, los contactos cercanos con la naturaleza tienden a ser mínimos. La naturaleza deja de ser una compañera con la que uno vive y lucha día tras día para convertirse, en cambio, en un amigo distante a quien nos gusta visitar de vez en cuando. Salir a caminar es una manera en que los urbanitas intentan reconquistar su contacto con la naturaleza. Cuando salir a caminar es remplazado por la salida en automóvil —lo cual es mucho más frecuente de lo que podemos pensar—, nuestro contacto con la naturaleza deviene puramente visual. En el parabrisas, el paisaje aparece bidimensional: vemos una película acerca del paisaje, con la banda sonora de un motor en marcha o de música y voces de la radio o un casete o cd;  nuestra experiencia visual es mediada por lo que escuchamos y nuestra experiencia aural no tiene relación con lo que vemos. El contacto entre el medio ambiente y los sentidos humanos es definido por la “piel” o burbuja del vehículo en el que vamos sentados. Salgamos ahora de nuestras burbujas, emerjamos de atrás de nuestras pantallas, paredes, bocinas y audífonos. Abramos nuestros oídos directamente al entorno. Emprendamos otra excursión sonora. 

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Una excursión sonora por el parque Queen Elizabeth en Vancouver

El parque Queen Elizabeth es visualmente muy atractivo, es un parque de postal que atrapa la vista de inmediato. En esta excursión, incluyamos de manera consciente a nuestros oídos, escuchemos la “banda sonora” del parque y exploremos cuánto armoniza con nuestra impresión visual. 

1. El área más al descubierto del parque es el estacionamiento. Inicia aquí y escucha los sonidos que vienen de todas direcciones. Cada ciudad tiene un entorno sónico distintivo que contribuye a su carácter singular. ¿Puedes encontrar algún sonido aquí que sea típico del paisaje sonoro de Vancouver? 

2. Camina hacia las fuentes y continúa escuchando los sonidos de la ciudad hasta que desaparezcan bajo el sonido del agua. Si las fuentes no están encendidas, sigue escuchando cómo cambian los sonidos de la ciudad. En tu camino pasarás por unos arcos de madera que proveerán de una cualidad acústica particular a tus pasos y a los de quienes te acompañen. Los pasos sobre un camino de madera solían ser un sonido común no sólo en Vancouver, sino también en muchos poblados pequeños o viejos fuertes de toda la Columbia Británica. Para en una fuente y escucha las distintas voces del agua. ¿Cómo puede influir sobre el sonido el diseño de una fuente? ¿Produce algunos gorgoteos de tono más bajo? ¿Puedes escuchar el agua fluir por los canales? ¿Qué tipo de atmósferas crean los sonidos del agua? ¿Escuchas algún sonido que no parezca pertenecer aquí? Si la fuente no está encendida, imagina cómo podría sonar si estuviera funcionando. 

3. Cerca de las fuentes encontrarás una escultura de metal de Henry Moore llamada Knife Edge (“filo de cuchillo”). Explórala visualmente así como acústicamente. Está formada por dos piezas, cada una con una estructura distinta. ¿También difieren en su sonido? ¿Qué otras relaciones puedes encontrar entre sus formas y sus sonidos? Haz con la escultura una amplia variedad de sonidos y trata de encontrar, entre otros, un retumbo de tono bajo, un tañido de tono alto y un silbido. Tal vez quieras formar una serie de sonidos y componer una pieza (¿llamada “Knife Edge”, quizás?). Coloca tu oído contra la superficie de la escultura y escucha en su interior. 

4. Cuando entras al invernadero, te internas en un ambiente tropical recreado artificialmente. Tómate tu tiempo y experimenta con todos tus sentidos. ¿Se ve y se siente como trópico? ¿Huele a trópico? ¿Suena a trópico? ¿Qué tipo de pájaros escuchas? ¿Puedes iniciar una conversación musical con alguno de ellos? ¿Puedes escuchar el sistema de aire acondicionado? Cuando camines sobre el puente de bambú, explóralo como si fuera una escultura sonora. Produce un sonido único que generalmente no se escucha en los países del norte. Una vez que hayas pasado el puente de bambú, busca el sonido de un pequeño molino de agua. Cuando abrió por primera vez el invernadero, el molino de agua estaba siempre funcionando y creaba a su alrededor un paisaje acústico de lo más interesante. Ahora no siempre es audible y parece haber sido abandonado como fuente sonora. 

5. Continúa tu caminata por el Jardín Hundido, una sección del parque que es acústicamente de especial interés. ¿Escuchas cómo desaparecen los sonidos de la ciudad mientras te internas por el jardín? Observa las formaciones del jardín y explora cómo influyen sobre su acústica. El sonido dominante de este jardín es el de una cascada. ¿Puedes escuchar la variación de “voces” mientras el torrente cae sobre diferentes superficies y corre hacia el estanque que está debajo? Mientras continúas, escucha el sonido de tus pasos transformarse cada vez que golpean una superficie distinta. En el centro del jardín hay un puente de piedra, que por su forma convexa crea un espacio acústicamente interesante sobre el agua. Escucha tus pasos mientras lo cruzas. Experimenta con los sonidos de tu voz, tus manos, etc. debajo del puente si logras llegar ahí. (En Stanley Park hay un puente similar, más grande. El mismo experimento realizado ahí tendrá resultados acústicos muy diferentes y aún más sorprendentes.) 

6. El rasgo acústico más importante de los Quarry Gardens es su eco. Descúbrelo y encuentra dónde y cómo se produce. ¿Cuál de tus sonidos produce el eco más claro? Juega con todas las posibilidades de generar un eco y disfruta de tu interacción acústica con el entorno. 

7. Terminemos la excursión sonora en el riachuelo. Siéntate y deja que los sonidos de la corriente te calmen. El agua serpentea por brechas y grietas creadas entre las rocas, murmurando con nuevas voces que aún no has oído. Y si pudieras escuchar más el agua, percibirías otras voces nuevas, una interminable variedad. Finalmente, ¿es este parque tan atractivo acústicamente como lo es visualmente? 

Cuando escuchar atentamente se convierte en una práctica cotidiana, la demanda de calidad sonora se vuelve una actividad natural. Esto tal vez se vea reflejado en acciones simples, como no tener encendido el radio todo el día, usar una cortadora de césped manual en vez de una con motor, comprar maquinaria silenciosa, pedir que se apaguen sonidos perturbadores cuando sea posible, ayudar a preservar áreas silenciosas de nuestra ciudad y mantenernos al tanto de nuestras propias acciones acústicas y de nuestra responsabilidad colectiva por el ambiente sónico. En este contexto es apropiado mencionar otro tipo de excursión sonora, que no sólo incluye la escucha atenta, sino también nuestra participación física activa en la música del entorno. Existen muchas oportunidades para esta clase de actividades en el paisaje sonoro, que los niños seguido nos demuestran de manera natural. A muchos adultos, la idea de crear nuestros propios sonidos, de componer y orquestar nuestra música ambiental, puede parecernos tonta y artificiosa, pero es sorprendente que salir a una excursión sonora participativa pueda crear diálogos inesperadamente interesantes entre nuestro entorno y nosotros mismos. Vale la pena tratar. 

Ya se mencionó el diálogo continuo de las sociedades tribales con la naturaleza. Para ellas, estar en condiciones de comprender e incluso imitar los sonidos de la naturaleza es una cuestión de supervivencia. Cualquier sonido encontrado durante la caza, como el crujir de una varita, tendrá para el cazador indígena significados acústicos muy específicos y le dará pistas acerca de los animales y su paradero. De la misma manera, todos necesitamos mantenernos en contacto con nuestro entorno, pues cada sonido conlleva un significado muy específico, sin importar dónde vivamos. Aun cuando, como seres urbanos, ya no podamos integrar completamente nuestro estilo de vida con los ciclos de la naturaleza, es vital que mantengamos contacto consciente con nuestro entorno. Las ciudades están llenas de pistas acústicas que resultan importantes, en distintos niveles, para nuestra supervivencia: debemos escuchar nuestras ciudades como los pueblos indígenas escuchan sus bosques. Para obtener lo máximo de una excursión sonora participativa, conviene hacerla en un lugar donde podamos escucharnos a nosotros mismos y al sonido más delicado de nuestro entorno. Una excursión sonora participativa puede tener el propósito práctico de orientarse en un lugar o de establecer un diálogo con el entorno, o bien el propósito puramente estético de componer una pieza a partir del recorrido. 

Orientación

Lo que sigue es un recuento de cómo los capitanes de barcos determinaban su posición en relación con la playa: “Solían ubicar su posición mediante ecos y silbidos. Daban un silbido corto y calculaban la distancia de la playa por el eco. Si el eco regresaba por ambos lados al mismo tiempo, sabían que estaban en medio del canal.” (Gordon Odlum, remembranza, Vancouver, 1973). Otro ejemplo nos dice cómo se orientaban los inuit o esquimales en el blanco mundo del norte: “Recuerdo haber viajado en la niebla sobre una costa peligrosa. Cero visibilidad. Aun así, no nos retrasamos ni nos desviamos. Mis compañeros escuchaban el oleaje y los chillidos de las aves anidadas en los peñascos, olían la playa y la marea, sentían el viento y la brisa en sus rostros, ‘leían’ con sus nalgas el patrón de las olas creado por la interacción del viento y la marea. La pérdida de visibilidad no era un obstáculo serio. Cuando usaban sus ojos, era con una agudeza que me sorprendía, pero no se “perdían” sin ellos.” (Edmund Carpenter, Eskimo Realities, Nueva York, 1973, p.36). Dado que este tipo de orientación a través de nuestros sentidos ya no es una parte natural de nuestra vida cotidiana, permitámonos hacerlo en forma de una excursión sonora. Escoge una noche sin luna o un día de niebla espesa y proponte un fin que quieras alcanzar. Tus ojos no te serán de mucha ayuda, así que tus oídos serán tus principales herramientas para encontrar el camino. Con tu voz o cualquier otro sonido que produzcas, estarás en condiciones de saber dónde te encuentras. Puedes llevar a un amigo. O ve a dar una caminata de orientación en la ciudad, cualquier ciudad, pidiendo instrucciones a la gente. Además de no perderte, conocerás un poco el carácter de la ciudad. Al escuchar a la gente responder, percibe los sonidos y melodías de sus voces, busca acentos. Pregunta a todo tipo de gente diferente, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, niños, etcétera. 

Diálogo

Si eres amante de los pájaros, tal vez querrás establecer contacto con uno y responder a su llamado. ¿Cómo lo harías?, ¿qué tan bien resultaría? ¿Sientes que este contacto es realmente posible? Inténtalo en la ciudad y en el campo. Si eres un cazador, tal vez puedas coger a tu presa fácilmente imitando el llamado del animal. Los inuit aún lo hacen de esta manera: “La imitación de un cazador de focas es a veces tan buena, que engaña a la foca cazada. Algunos hombres pueden parodiar todo: osos, icebergs, sí, incluso el viento.” (ibid., p. 27). Sal e intenta imitar todo tipo de sonidos. Buscar ecos siempre ha fascinado a la gente. No sólo los producen algunas formaciones del paisaje, sino también algunas estructuras de edificios. Encuentra todos los ecos de tu entorno y examina dónde rebotan. ¿Cuáles son los más interesantes y por qué? 

Composición sonora

Este tipo de excursión sonora es básicamente similar a las de arriba, excepto que su principal propósito es estético y no práctico. Sal y escucha. Escoge un entorno acústico que, en tu opinión, constituya una buena base para tu composición ambiental. Así como los arquitectos se familiarizan con el paisaje en el que quieren integrar la forma de una casa, así también debemos conocer las principales características del paisaje sonoro en el que queremos sumergir nuestros sonidos. ¿Qué tipo de ritmos contiene?, ¿qué clase de tonos?, ¿cuántos sonidos continuos?, ¿cuántos y qué clase de sonidos discretos?, etcétera. ¿Qué sonidos puedes producir que se puedan sumar a la cualidad de la música ambiental? Crea un diálogo: desprende ciertos sonidos ambientales de su contexto e introdúcelos en el contexto de tu composición; a la vez, convierte tus sonidos en una parte natural de la música que te rodea. ¿Es posible? 

Muchas excursiones como ésta acabarán por acercarnos al fin último de la conciencia aural a gran escala. Empezamos a percibir que ciertos paisajes o condiciones ambientales provocan una cierta acústica. El siguiente recuento nos narra otro procedimiento de los capitanes de barco: “…podían también reconocer diferentes playas por los diferentes ecos: una roca de acantilado, por ejemplo, daría un claro eco distintivo, mientras que una playa de arena daría un eco más prolongado; incluso podían obtener un eco de los troncos” (Gordon Odlum, remembranza, Vancouver, 1973). Otro ejemplo muestra cómo los habitantes de cada paisaje adaptan su sistema de comunicación de manera muy inteligente a las características acústicas de su entorno. Los pastores de los Alpes austriacos y suizos solían comunicarse unos con otros mediante un canto muy melodioso. Sin duda lo comenzaron a hacer por la simple fascinación de escuchar los ecos producidos en las montañas, y estas melodías acabaron por convertirse en el canto tirolés. En las planicies de Prusia oriental, en cambio, los madereros que conducían sus series de troncos por el río nunca hubieran pensado en el canto tirolés. En cambio, se llamaban unos a otros con un largo tono alto que viajaba particularmente bien sobre ese terreno vasto y plano. Cuanto más de cerca podamos observar nuestras condiciones y formaciones ambientales, más posibilidades acústicas podremos descubrir en ellas, y una vez que hayamos aprendido a diferenciar las cualidades sonoras, nos volveremos más selectivos y no aceptaremos malas condiciones acústicas. Esta clase de conciencia acústica se puede aplicar en todas nuestras excursiones sonoras, e incluso en nuestra vida cotidiana. Podemos observar las formas del entorno y determinar nosotros mismos cómo influyen en la acústica. Hagamos entonces una excursión sonora en que la estructura de nuestro ambiente sea central. El tema principal que escucharemos en esta caminata serán el viento y las voces siempre cambiantes que produce.

El sonido del viento

Oímos hablar de estas voces en los viejos mitos, en novelas, en poesía, cuentos de hadas e historias de horror, y las escuchamos actualmente en el cine y radionovelas. Siempre que el viento toca un objeto, crea un sonido, sonido que es único para ese evento acústico especifico. La poetisa Emily Carr percibió estas sutilezas muy bien: “Los árboles reciben el viento de manera tan diferente. Algunos lo arrebatan como si se alegraran ante la oportunidad de ser ruidosos, algunos truenan y gimen, y algunos se inclinan humildemente con bajos murmullos. Y los hay altos y obstinados que difícilmente se mueven para hacer un mohín.” (Emily Carr,  Hundreds and Thousands. The Journal of Emily Carr, Toronto, 1966, p.128). También lo hizo Thomas Hardy: “Para los habitantes de un bosque, cada especie de árbol tiene su propia voz, como tiene sus rasgos distintivos. Al paso de la brisa, los abetos lloran y gimen tan distintivamente como se mecen; el acebo silba en su lucha consigo mismo; el fresno sisea en medio de sus temblores; la haya cruje al tiempo que sus ramas planas se alzan y caen. Y el invierno, que modifica las notas de estos árboles al derramar sus hojas, no destruye su individualidad.” (Thomas Hardy, Under the Greenwood Tree, 1920, p. 3). 

El viento que silba al pasar entre los cables eléctricos. El viento que murmura al surcar la hierba. El viento atrapado entre los edificios. El viento que aúlla, se lamenta, cruje, se queja, gimotea, grita… Y cuando escuchamos estas voces, puede parecer que se están burlando de nosotros, pueden sonar aterradoras o tal vez nos llenen de energía, todo depende de la situación en que las escuchemos. Sal y escucha tantos sonidos creados por el viento como puedas. Distingue los tonos bajos y los altos, persigue sonidos que cambian constantemente de tono y volumen. ¿Qué clase de construcciones producen qué tipos de sonido cuando las toca el viento? ¿Qué efectos tienen sobre ti los distintos tipos de sonidos? Si es fascinante escuchar la interacción acústica entre el viento y un objeto, será aún más excitante escuchar cómo juega el viento con otros sonidos: ¿qué le sucede a un sonido cuando el viento lo atrapa, lo sacude y se lo lleva? Concéntrate en un sonido continuo sobresaliente (campanas de iglesia, el motor de un bote, música al aire libre, etcétera) y en el juego acústico del viento con él. En el siglo XX hemos desarrollado vehículos extremadamente veloces y, como producto secundario, hemos creado una nueva clase de viento. Mientras avanzamos rápidamente por la autopista, nos encontramos con una voz de viento nunca antes escuchada. Escucha esta voz y compárala con las que has escuchado hasta ahora. ¿Hay una diferencia significativa entre ellas? La gente siempre ha escuchado el viento y se ha fascinado con él. Como saben qué tipo de sonidos puede crear, han inventado y diseñado arpas, campanas y otros objetos que producen la música más bella cuando los toca el viento. Construye un objeto con el cual el viento pueda tocar los más conmovedores juegos acústicos. Escucha la música que puede hacer y observa la reacción que pueda despertar en otra gente. Posiblemente hayas mejorado tu entorno acústico. 

Permitámonos seguir escuchando el crujir de las varitas: aunque velado por las bocinas de los autos, radios, aire acondicionado y rechinar de llantas, influye en nuestra vida cotidiana y afecta sutilmente nuestras esperanzas de supervivencia en esta jungla urbana. La excursión sonora puede ser un paso para aumentar nuestras posibilidades de supervivencia… o simplemente algo divertido. 

Traducción de Inti Meza Villarino


* Publicado originalmente como “Soundwalking”, Sound Heritage , vol. III, núm. 4 (Victoria, B. C., 1974) [revisión de 2001].
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~ por 666ismocritico en febrero 4, 2008.

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