¿Me recordarás cuando ya no estemos aquí?

Continuamos la sección de grandes perdedores con The Del Rubio Triplets por ser unas dignas representantes del satan-ísmo crítíco.

¿Me recordarás cuando ya no estemos aquí?

Emilia, Helena y Eduarda nacieron el mismo día, con cinco minutos de diferencia cada una. Aunque eran hijas de padres mexicanos, decidieron cambiar sus nombres por Milly, Elena y Eadie porque les parecían mucho más estilizados. Para fines artísticos se hacían llamar “The Del Rubio Triplets”. Desde chicas su padre les enseñó un par de acordes de  música ranchera en la guitarra, los suficientes para que adaptaran cualquier canción a sus recursos interpretativos. Las Del Rubio dedicaron toda su vida al mundo del showbiz. Probaron suerte en el Hollywood de los años cuarenta, como bailarinas y coristas de una infinidad de artistas. Cualquier artista que se te ocurra, cantaron para él. Tuvieron su oportunidad con Bob Hope, pero la dejaron  para  cuidar a su madre enferma. Bob Hope, por su parte, tuvo que buscar unas sustitutas. Quería algo similar a las Del Rubio Triplets y se encontró con las Andrew Sisters, que con el tiempo serían consideradas las pioneras de los grupos de chicas.

Tras la muerte de su madre, quedaron huérfanas. Lo único que poseían era un pasado promisorio y una carrera sin futuro. Tenían 35 años y se resistían a abandonar sus esperanzas y tomar un trabajo común. Las Del Rubio querían seguir cantando y, por supuesto, ganarse la vida con ello. A esas alturas habían perdido la casa y los ahorros, solamente les quedaba un Impala gris algo destartalado. Intentaron regresar a Hollywood,  pero se dieron cuenta que ya  era demasiado tarde para continuar su carrera de coristas. En unos cuantos años, el panorama había cambiado totalmente; la música que ellas cantaban, heredera del Tin Pan Alley, estaba prácticamente extinta y ningún productor arriesgaría nada por lanzarlas. Sólo los que habían hecho fama tiempo atrás conservaban su público. Para el resto, no había mucho que hacer.

La vida de las hermanas se volvía cada vez más precaria. El día que llegó el aviso de desalojo del departamentito que ocupaban en la avenida Palomino Valley, se dio una fuerte discusión entre las tres. Eadie insistía en que debían relanzar su carrera.—Pero ¿cómo? Si ya estamos viejas —increpó Elena, quien siempre había sido la más quisquillosa de las tres. —Precisamente por eso —respondió Eadie, cada vez más exasperada.— En este momento en que el rock and roll está subiendo en el gusto de la juventud, nosotras podemos intentar cantar para los adultos y la gente mayor.Milly no tomó partido por ninguna de las dos. Las escuchó un buen rato, hasta que decidió que lo mejor era salir a caminar y dejar que resolvieran ese lío solas. Dos horas después regresó con una botella de whisky y un directorio telefónico. A la mañana siguiente, las Del Rubio Triplets hicieron sus maletas, decididas a iniciar su gira. Por lo pronto iniciarían la búsqueda de su público ahí donde se encontraban en la década de los sesenta los últimos adultos de los Estados Unidos: en los geriátricos del sur de California.

Con el paso de los años, las trillizas le encontraron el gusto a viajar de un condado a otro. Después de todo, no había nada que las detuviera mucho tiempo en un lugar y todo lo que tenían estaba dentro de la casa rodante que jalaban con el Impala. Recorrían las carreteras de California sintonizando todas las radios locales que encontraban en su camino. Lo mismo escuchaban estaciones de country, rock o pop que música en otros idiomas. A principios de los años setenta, Nancy Sinatra prácticamente había desaparecido de la radio, pero las Del Rubio se emocionaban cuando por azar llegaban a escuchar  “These Boots Were Made for Walkin’”. Para ellas, que se habían convertido en unas vaqueritas ye ye avant garde retro, la canción era una especie de himno secreto.

En los años ochenta decidieron establecerse en Los Ángeles, donde finalmente encontraron un trabajo fijo. Tres días a la semana se presentaban en el “Hollywood and Vine”, ubicado en la zona más proletaria de la ciudad. Jamás se hubieran imaginado que su regreso al espectáculo sería cantando en un bar gay, abriendo el show de Lipzinka, el travesti más célebre de esos tiempos. A los 66 años, sus momentos de fama y gloria estaban por llegar. En una ocasión, Pee Wee Herman visitó el lugar y quedó fascinado con la interpretación de “Like a Virgin” de Madonna. Minutos después, cuando cantaron “Light My Fire”, estaba totalmente conmovido. Él, que siempre había detestado a The Doors, debió aceptar que, cantada con el estilo de los tríos románticos de los años cuarenta, la canción realmente tenía algo de esa sensualidad necrofílica que a él tanto le atraía.

Cuando terminó la actuación de las trillizas, Pee Wee Herman estaba decidido a llevarlas a su programa infantil. Las Del Rubio Triplets  eran sin discusión  personajes de “la casa de juegos de Pee Wee”. Junto con el vaquero Curtis, Roger el maníaco, el genio Jambi y Miss Yvonne, formarían parte de las criaturas de su reparto atemporal. No olvidemos que el Pee Wee Herman que cautivaba cada sábado a los televidentes estadounidenses tenía la apariencia de Pinky Lee, un comediante infantil de los años cincuenta, con la diferencia de que sus gestos y movimientos eran los de un muñeco de porcelana animado. Por esos días, Pee Wee estaba en busca de invitados extravagantes para su  especial navideño. Estaban en la lista Grace Jones, Little Richard y Zsa Zsa Gabor, pero ninguno de esos personajes lograba dar el toque de extrañeza y nostalgia que encontró en las trillizas. Semanas después, las Del Rubio aparecían por primera vez en televisión. Con su característica voz nasal, Pee Wee Herman gritaba emocionado: “¡Con ustedes, las entonaciones celestiales de las trillizas Del Rubio!” Cuando apareció en la pantalla la imagen de las Del Rubio Triplets con minifalda roja, botines blancos y guitarra en mano cantando “Winter Wonderland”, el público comprendió las razones por las que Pee Wee las anunciaba de esa manera. Fue tal el éxito, que unos meses después grabaron el legendario programa “Dr. Pee Wee and The Del Rubio Triplets”.

La celebridad de las Del Rubio fue breve. Comenzó en el invierno de 1986 y acabó mucho antes de la llegada de los noventa. Durante ese tiempo sacaron dos discos. Primero, el mítico Three Gals, Three Guitars, con las versiones más inverosímiles de “Neutron Dance” de Expose, “Ding, Dong, The Wicked Witch is Dead” de la película El Mago de Oz, “Walk Like an Egyptian” de las Bangles, “Fever” de Peggy Lee y la clásica de Consuelito Velásquez, “Bésame mucho”. El segundo disco —menos alucinante que el primero— estuvo dedicado a canciones navideñas. Durante unos meses, las Del Rubio rondaron las arenas movedizas de los foros de televisión, dieron un par de entrevistas, cantaron algunas canciones, y no ocurrió nada más. Después desaparecieron para siempre de las cámaras. En poco tiempo, el mundo del espectáculo había hecho de las Del Rubio una de esas historias anómalas que gustan a los televidentes: mostraban el nacimiento de tres estrellas envejecidas. Se trataba de unas trillizas venidas de la nada que cantaban canciones simpáticas. Así, prepararon al público para lanzar de nuevo una lápida sobre ellas.

Los últimos años han sido la salida triunfal de este mundo. Eadie murió en 1996 y cinco años después le siguió Elena. Milly sigue viva, dando vueltas al álbum de fotografías con los éxitos imaginarios de las Del Rubio Triplets. Sin Eadie, sin Elena, Milly no es más que Emilia Del Rubio, de 85 años de edad, quien, como una viuda, añora los tiempos más felices en que las tres estaban juntas, eran jóvenes y cualquier cosa podía pasar.   

Miriam Licón e Inti Meza

~ por 666ismocritico en diciembre 19, 2007.

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