Ken Loach vs Ken Loach

Casi desde sus inicios a principios del siglo XIX muchas han sido las formas que el cine adopta para contribuir a las luchas y movimientos sociales de emancipación. El documental, sin duda, ha tenido un lugar privilegiado en esta misión. No sólo por los presupuestos que implica el hecho mismo de lo documental, sino por los enormes préstamos que ha hecho a la constitución de otros formatos y estrategias visuales y fílmicas que hoy se suman a la crítica contra la dominación o que abiertamente buscan intervenir el clima ideológico, agitar, denunciar o revisar la realidad y sus aspectos más triviales, minúsculos, para sembrar ahí una bomba de tiempo. La realidad social difícilmente se ajusta a los cánones de la narración. De ahí la intensidad y la irritación que pueden desprenderse del realismo documental. Sin embargo, no basta con registrar un evento social para consolidar una crítica, pues la vida colectiva o individual de los sujetos históricos tiene un relieve que no se deja ver a simple vista, y no son pocas las formas de mitificar un hecho con sólo filmarlo. La desalienación, el compromiso social, la crítica, la agitación han echado mano también de la ficción, del sueño, de la ilusión. Justamente no queremos hablar aquí de mentiras y de verdades, sino de mecanismos y formas que nos permitan comprender mejor la realidad. En todo caso queremos referirnos a una “ficción comprometida críticamente con la realidad social”. Se trata entonces de imágenes socialmente útiles, políticamente interesadas en transformar o interferir el cuento de hadas de la explotación diaria.

Y bien, en este arte de agitar con y desde el cine los británicos se pintan solos aunque no sin las dificultades que imponen la reformulación constante de las estrategias, presupuestos e intenciones. Ken Loach es tal vez, por lo diverso de sus propuestas, los distintos momentos de su trayectoria y su insobornable orientación socialista que lo hemos escogido para hablar hoy, no sólo sobre un asunto capital de la autonomía —y que da título al filme que presentamos—, Tierra y Libertad, sino de las exigencias actuales de un cine político que problematice la realidad, exprese y transmita inquietudes, que abra interrogantes y, lo principal, que lleve al espectador hacia una determinación activa fuera del espectáculo, fuera del cine, fuera de su mundo individual. “La respuesta que interesa del espectador no es la que da dentro del universo del espectáculo cinematográfico, sino la que dará fuera, en la realidad, en la calle, en su vida diaria”, afirma el realizador cubano Tomás Gutiérrez Alea. Loach no logra, luego de una maratónica carrera de ya casi cuatro décadas de cine político, series de televisión y dramas socialistas, estar a la altura de lo que hoy requiere la agitación política y social a través de la imagen en movimiento. Su lugar, contra modas y censuras oficiales, es bien visible y sin duda irreprochable justo por el tratamiento de temas que hoy parecen pertenecer a otra época. Temas y preocupaciones desdibujadas por la crisis y el descrédito del cine político, y por los prejuicios de la democracia posmoderna, contra todo compromiso social.

Tierra y Libertad es un buen ejemplo de la tentación nostálgica, de la reincidencia en el drama en su acepción más convencional, del confinamiento de todo ese riesgo documental en el puro tema, en el puro contenido, en la pura historia de un heroico fracaso autonomista que, de manera conmovedora para muchos, ilustrativa para otros, poco tiene que hacer al lado de los dramas documentales que realizó en los años 70as junto al guionista Jim Allen quien desde una perspectiva trotskista, intento reflexionar en la serie de filmes The Big Flame, The Rank and File y Days of Hope sobre la esclerósis de las estructuras clásicas de la organización obrera en Inglaterra y sobre la mezquindad de la identidad institucional de la izquierda. Hay que destacar también su importante presencia en los años 90as; insuperable la talla de filmes como Raininig Stones o Riff Raff, verdaderos frescos sociales que sirvieron como asideros —para el espectador— frente a la oleada posmoderna que se venía y consolidaba en el cine y la televisión . En fin, Ken Loach es hoy el motivo para hablar sobre otro tipo de imágenes, imágenes que respondan, golpe a golpe, de forma contundente, este cuento de hadas de la explotación diaria.

Cooperativa de Trabajo Hormiga
FILMOGRAFÍA SUGERIDA :

Cathy Come Home (1966)
The Big Flame (1975)
Days of Hope (1975)
Hidden Agenda (1990)
RiffRaff (1991)
Raining Stones (1993)
Land and Freedom (1995)
Carla’s Song (1996)
My Name is Joe (1998)

BIBLIOGRAFÍA SUGERIDA :

Loach on Loach, Scenes From the Class War, Graham Fuller (Ed. Faber & Faber, UK, 1998)

Dialéctica del Espectador, Tomás Gutiérrez Alea (Ed. Unión, 1982, La Habana, Cuba)
Hacia un Tercer Cine, Alberto Híjar (Ed. UNAM, Colección Cuadernos de Cine, 1972, México D.F)

cooperativadetrabajohormiga / noviembre 2005 / méxico d.f

~ por 666ismocritico en marzo 2, 2007.

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