A 30 años de la experiencia del colectivo Cine Mujer

El paso del tiempo parece borrar las huellas del pasado y, muchas veces, nos deja huérfanas ante los retos del futuro. La memoria histórica de las mujeres se diluye en un presente lleno de incertidumbres en el que nos hacen creer que todas las metas han sido ya alcanzadas. En el mundo del celuloide ha habido avances, pero la representación de las mujeres tanto delante como detrás de la cámara tiene todavía mucho camino que recorrer. Hoy en día sólo el 20 % de los guionistas o directores de cine mexicano son mujeres. La explosión experimentada en la década de los ochenta y principios de los noventa se ha detenido y, últimamente, son pocas las mujeres que se apuntan a las filas de la producción cinematográfica.
La dificultad de hacer cine hoy en México no es sólo por cuestión de género ya que la realización de cine se ha encogido considerablemente, y este año tan solo se filmarán diecisiete películas en La República si es que llegan a materializarse todas. Algunas de esas películas serán dirigidas por mujeres, como Las Buenrostro, de Busi Cortés, que se estrenó el pasado 9 de Julio en la 2ª Muestra Internacional de mujeres en el cine y la televisión. El hecho de que a fecha de hoy se den este tipo de festivales nos habla de la inequidad que existe tanto en número de películas producidas como en posibilidades de acceso al medio.
Pero debemos tener cuidado si no queremos que la etiqueta de cine de mujeres se traduzca en cine para mujeres, manteniéndose en los márgenes como si todo cine que no realice el hombre blanco heterosexual necesitara nombrarse desde su especificidad. Si el simple hecho de ser mujer termina por denominar el cine que realizan las mujeres como cine de mujeres, declararse como feminista podría añadir el estigma inevitable que parece asociarse al término. Nombrar a las cosas por su nombre resulta extraño y hasta peligroso.
Este miedo al encasillamiento lleva a las cineastas a adoptar estrategias de resistencia de hacer y no decir, eludiendo los prejuicios y agresiones vinculados a un feminismo ahorcador, rompiendo los ataques del feminismo al feminismo y desde fuera del feminismo. Pero, ¿por qué esta obsesión de las nuevas directoras por rehusar el término cine de mujeres o admitir que tienen una manera particular de ver el mundo? El que esta actitud sea fruto de una estrategia para lograr un objetivo concreto, es decir, hacer una película en un medio jerárquico y masculino como el cine, podría ser una respuesta válida. Pero como dice Virginia Wolf, “sería una lástima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y la variedad del mundo; ¿Cómo nos las arreglaríamos, pues, con uno solo?” . De nada servirá una adaptación individual al medio si de lo que se trata es de cambiar las estructuras que limitan y cosifican la creación cultural de las mujeres.
Pero esto no fue siempre así. Quiero aprovechar estas líneas para rescatar del olvido la experiencia de las mujeres del Colectivo Cine Mujer, que entre finales de los años setenta y principios de los ochenta desafiaron con la producción de sus películas la participación de las mujeres en la dirección cinematográfica mexicana.
Tiempo para el recuerdo.
Los años setenta en México se vieron empapados por el nacimiento del movimiento feminista y por el surgimiento de un nuevo cine independiente ligado al movimiento estudiantil popular de 1968 con la película El Grito, de Leonardo López Aretche. En estos años proliferaron las realizadoras, sobre todo, gracias al apoyo y colaboración de las escuelas de cine que se abrieron a mediados de los sesenta (El Centro Universitario de Estudios de Cinematográficos y el Centro de Capacitación Cinematográfica). Dentro de esta oleada de mujeres cineastas se creó el Colectivo Cine Mujer, que surgió de la iniciativa de varias estudiantes del CUEC para aunar esfuerzos en la realización de una película sobre el aborto en México, Cosas de Mujeres (1975-1978). A partir de aquel momento el análisis y la filmación de la condición de la mujer a través de una mirada feminista, y la formación técnica de las mujeres para lograr una autonomía en un medio dominado fundamentalmente por varones se convirtieron en los motores del proyecto.
Las películas del Colectivo cumplieron su objetivo y cada una de ellas visibilizó una problemática concreta para su reflexión . El aborto, el trabajo doméstico, la violación, lo inhumano del trabajo en las maquilas, la organización política de las mujeres y la lucha de las mujeres colonas quedaron registradas por las cámaras. Del tratamiento de las denuncias del feminismo urbano evolucionaron hacia otras temáticas en las que se daba voz a otras mujeres y a sus luchas.
La apuesta por un cine directo de realización colectiva causó dificultades a la hora de tomar decisiones o definir planteamientos. Al igual que ocurrió en el seno de las organizaciones feministas, la negación del poder no permitió manejar los problemas de liderazgo, y el Colectivo terminó por desintegrarse en una búsqueda de las cineastas por realizar trabajos más personales que definieran un estilo propio desde la subjetividad. Se trataba de vivir la militancia política a través del cine y hacer películas para la causa de las mujeres, para provocar la discusión y la reflexión respecto a temas vedados vinculados con el feminismo y los derechos de las mujeres.
Las realizaciones del Colectivo Cine Mujer se proyectaron en grupos de mujeres rurales y urbanas, sindicatos, colonias populares y universidades del país. También funcionó como grupo de autoconciencia, en donde las mujeres del Colectivo encontraban un espacio desde el que poder hablar de lo personal como algo político, del conflicto eterno entre la vida personal y la profesional. A diferencia de muchos otros grupos de los años setenta que se quedaron en el papel mojado de la discusión, lograron resultados concretos traducidos en la producción de siete películas a lo largo de sus diez años de existencia.
Si queremos continuar el enriquecimiento de la creación artística feminista y contribuir a rescatar la historia de las mujeres en su complejidad, reducidas en el Metarrelato de la Historia a la excepcionalidad, e invisibles y difuminadas en los procesos de trasformación y organización social, debemos recuperar estas experiencias, conocerlas y analizarlas, si es que queremos (re)construir un pasado que nos pertenece, pero del que hemos sido desposeídas.
¿Una mirada femenina?
La polémica en torno a la existencia de una mirada femenina o feminista sigue caldeando los debates de la teoría crítica feminista en torno a sus dos tendencias más significativas: la igualdad y la diferencia.
En lo que sí existe un consenso es en la consideración de un cine feminista en cuanto al posicionamiento ideológico, en un cine esforzado en traducir imágenes de mujeres distintas, planteando personajes femeninos y mujeres participativas, en discusión, en debate, en ruptura, en cambio, de recrear imágenes de hombres y mujeres que no respondan a los estereotipos. No necesariamente un cine realizado por una mujer será feminista, pero lo que si es evidente es que si una mujer es feminista, de alguna u otra manera esto se reflejará en su obra, en los temas que aborde y en su tratamiento.
Hay teóricas y teóricos del cine que consideran femeninas algunas características en el tratamiento de la imagen, como ciertas formas visuales de analizar y ver las cosas con más detenimiento, desentrañando esa parte más íntima, dando un ritmo más cotidiano. Sería una estética plural en las formas expresivas, pero unificadas en un goce por los objetos más cotidianos y por la recreación de estados de ánimo en la búsqueda de significaciones a través del color y los silencios. Pero son muchas las que opinan que el tratamiento formal y temático desde una perspectiva feminista, que definirían una mirada en femenino, es perfectamente asumible por un hombre.
¿Existe un cine de mujeres? ¿Podemos hablar de una estética femenina? Si bien el estilo no puede explicarse más que desde la subjetividad de cada individuo creador, hay temas que las mujeres abordan de manera diferente pues, lo queramos o no, la experiencia de ser mujer en la sociedad condiciona nuestra forma de ver el mundo y las alternativas que tenemos de cuestionar nuestra posición en él.
La irrupción de las mujeres en el mundo de las artes supuso en la década de los setenta, y a lo largo de los ochenta, una renovación importante en todos los aspectos. La creación artística de las mujeres precisaba, en un inicio, de un viaje de introspección hacia sí mismas, de conocimiento personal, retomando la idea de Simone de Beauvoir de que “lo personal es político” .
Este viaje hacia el interior, que fue conduciendo a manifestaciones públicas de un cine feminista que ponían sobre la mesa nuevos temas, y nuevas formas de abordar el sentido político de lo artístico, evolucionó hacia propuestas artísticas al margen de criterios y códigos cerrados, menos delimitados por estructuras ideológicas monolíticas de lo que debe ser un contra-cine feminista. Pues como cualquier discurso ideológico el feminismo puede llegar a convertirse en un pensamiento hermético e intransigente.
Muchas artistas y cineastas mantienen una actitud de desconfianza ante los esfuerzos que, desde fuera, otros hacen por catalogar sus obras de feministas o femeninas bajo la argumentación de que el arte es algo universal que carece de género. El problema está en que no hacemos la pregunta adecuada, pues se trataría de plantearnos qué es universal, y si éste no es, necesariamente en nuestras sociedades, un universal masculino marcado por el lenguaje y la tradición política y cultural. Lo que deberíamos plantearnos es; ¿puede una mujer o un hombre abordar la creación artística despojándose de su experiencia de ser hombre o mujer, en una sociedad y un momento histórico concreto marcado por una cultura determinada? ¿Hasta qué punto esa experiencia puede obviarse en la manera de mirar y de vivir el mundo?

Andrea Gauthier

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~ por 666ismocritico en marzo 2, 2007.

4 comentarios to “A 30 años de la experiencia del colectivo Cine Mujer”

  1. Hola soy de colombia y estoy haciendo una invstigación sobre como está hoy en dia la mujer latinoamericana en la realización del cine, me gustaría mucho que me ayudara con documentación sobre tod en mexico, gracias

  2. Soy Guadalupe Sánchez, exintegrante del Colectivo Cine Mujer Mexico. Acabo de terminar un cortometraje animado. “Niño de mis Ojos”, me siento feliz. La proyectarán en Guadalajara dentro de la muestra de cine de mujeres. los derechos los tiene IMCINE.

  3. Hola, soy una joven productora de cine italiana y estoy haciendo una tesis en derechos humanos en buenos aires. estoy desarrollando una tesis sobre la situación actual de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en America Latina contada a travez del cine. Podrian asesorarme sobre vuestra producción sobre ese tema. Muchas gracias, chiara

  4. ola, soy de Brasil y estoy investigando acerca de los festivales de cine/video de mujeres en América Latina. Hay alguna información acerca de un festival “Cocina de imagenes” realizado en setembro de 1987 en Ciudad de Mexico? gracias. maria celia

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