Carlos Balmori.

La delgada voz detrás del esperpento: Carlos Balmori. (1926-1931)

                                                                   

Yo canto el verbo del porvenir.

                               Ruben Dario, Azul

La Bohemia  es el aprendizaje de la vida artística: es el prefacio de la academia, del hospital o del depósito de cadaveres.                                                                           Murger

          …Y que mis queridos compañeros de la pluma demuestren que son un poder que  puede más que  todo este mundo ficticio de prestigios anticuados que ya empieza  a caer en el abismo ante el mundo nuevo que quizá surgirá de los escombros del conflicto…                           Ernesto Bark 

    Intro.

La cascada voz de Don Carlos Balmori.

Imaginen la siguiente escena: tenemos ante nosotros en una habitación pequeña a un hombre sentado. Esperando. No hace falta describirlo o abundar con alguna otra información; es sólo un puerquito más en la historia del engaño y el fraude en México. Su nerviosismo es notable. Sabe que espera a Don Carlos Balmori, sus amigos (quienes le invitaron a conocer al viejo español de rancia herencia castiza) le han contado acerca de él, lo que se dice y lo que se cuenta: que posee toda la península de la Baja California (gracias a un  trato directo con el general Abelardo L. Rodriguez)… que es compadre de Don Alfonso el sabio, así como lo fue del Zar Nicolás de la Rusia, que es el viejo protector de Don Plutarco Elías Calles. ¡En fin! que es un chingón y está dispuesto a ayudarle en aquel proyecto que ha desarrollado sobre la carretera a Pueblo Nuevo y que no parece interesarle a nadie. Sus amigos sólo le pidieron que en caso de contar con el apoyo del millonario, se mochara con una pequeña comisión por haberle “acercado”  con el empresario.

La espera continúa…y ¿a qué se dedica Balmori? Como ya dijimos es empresario en la industria textil en el estado de Puebla, banquero, guerrero, coronel, industrial, comerciante, enamorado, ganadero, coronel de los tercios de España, agricultor, caballista, cazador de elefantes, minero, arrendador secreto  y fiel entusiasta de la ópera del Palacio de Bellas Artes, fuerte inversor de la industria mexicana del petróleo, poseedor de varias haciendas del estado de Guanajuato. Carlos Balmori –insisten, es todo un emprendedor. Pero sobre todo, ayuda al menesteroso, cumple las fantaías más estrafalarias, los ensueños más turbios, le gusta presumir que resuelve vidas y en un país que apenas se está (re)construyendo tras la revolución, no hay nada como la verdadera paz de una vida resuelta.

A unos cuantos metros de él se encuentra una joven y guapa mujer, de ella nada se sabe, sólo que también espera.

A las diez de la noche en punto aparece Don Carlos Balmori, le precede el turbio rumor de sus acompañantes. Se trata de un grupo entusiasta de la chacota y el desmadre, sus profesiones son varias y todos conviven en la sana democracia del desorden redentor: periodistas, doctores, militares, políticos encumbrados y subalternos. A primera vista resulta imposible descubrir el secreto que se oculta detrás del esperpento: resulta ser un hombre bajo de estatura y con el bigote algo descontrolado, viste un traje negro “ala de mosca”, sombrero de peluche, botines negros  de suela “volada”, polainas en un tiempo blancas, abrigo pardo, guantes de cabritilla, voluminoso brillante de vidrio en la corbata, gruesos anteojos y un vozarrón “ceceante” de español de casta, de entre las bolsas del saco sobresalen tres gruesas chequeras, se rumora que siempre esta listo para desenfundar y firmar. Sus ademanes son los  propios de un viejo actor del siglo XIX, alza los brazos y manotea al aire, tan pronto como le habla a uno se voltea e inicia otra conversación… lo suyo, lo que encontramos en sus intenciones es la promoción del caos ordenado por la ambición. El espectáculo de la balmoreada recién comienza ahora.

- Y bien, jovenazo ¿a qué se dedica usted? Retumba  la voz gastada y seca del encumbrado. El hombre de la espera se levanta rápidamente, extiende la mano y responde nervioso, -soy proyector de proyectos, tengo uno que podría resolver la hambruna de mi pueblo. Daría trabajo, fe y esperanza a mis conciudadanos y a mí, con lo ganado podría abrir un negocito. Balmori le mira en silencio durante un largo rato hasta que el silencio se vuelve incomodo y hace reaccionar al hombre de la espera: – se trata de una carretera señor. – ¿Y para qué demonios necesito yo una carretera? Dijo la voz atronadora de Don Carlos Balmori. – Supongo que para nada licenciado… – llámeme doctor si no le es inconveniente respondió altanero el empresario. – Supongo que a usted no le hace falta nada pero sería de gran ayuda para mi pueblo, fíjese que vivimos tan lejos de todo que nos sigue llegando la leche cortada. – ¿una carretera? por qué no mejor dirige el proyecto ese que acaba de llegar al despacho de mi compadre Plutarco, el de la mentada Panamericana. Ahí sí que habrá dinero, dicen que prestará grandes servicios a la nación. Unirá pueblos con pueblos, ciudades con ciudades, estados con estados, será un gran servicio a la nación le digo yo. – ¿la Panamericana señor?  - Sí. Responde Balmori buscando algo entre sus bolsas, creo que podría prestarle algo, no mucho. ¿Qué le parece cien millones? -¿De pesos? Preguntó la avaricia por el incrédulo hombre de la espera – No, doláres. Con eso puede iniciar su negocito.  - Eso me vendría muy bien señor. El joven proyector se enciende con entusiasmo. Ya puede ver resuelta su vida,  la casa que comprará para su familia, el auto, la novia…hasta que Balmori cambia de parecer, y contrataca… – ¿Sabía que me gustan los caballos? – No señor. – Sí me gustan y mucho. Quisiera que, finalmente la buena caballada naciera y creciera en México y no esos callos viejos que se ven por el Colegio Militar, ¿por qué no mejor le consigo un trabajito de entrenador? Bien pagado. Porque  eso de la Panamericana, la verdad es que ya esta entregado el proyecto a otra persona, un compadre mío y pues no quisiera interrumpir sus sueños, ¿qué le parece entonces ésta otra oferta? El joven empresario no puede creer el cambio de suerte, su fortuna se tambalea pero no está dispuesto a perderla del todo… – Pienso que me caería bien, podría ser un buen comienzo… – ¿Qué sabe de caballos? – Nada señor, pero puedo aprender dice optimista pensando en que, de lo perdido lo encontrado… – Muy bien, pues a partir de mañana le presto mi hacienda en Navolato para que vaya conociendo a mis animales.  A ver –dirigiéndose al que parece ser su secretario-  extiéndale un cheque a este muchacho de cien mil pesos oro por contratación y otros cien mil pesos de sueldo. El joven empresario convertido ahora en entrenador de caballos no puede creerlo. Llora de alegría y agradecimiento y mientras Balmori se aleja, sus amigos (quienes le convencieron de hacer la propuesta) le devoran con entusiasmo. Quieren su mochada, su parte como comisión por haberle acercado a tan grande personaje. Algunas amistades son tan frágiles que no logran superar el altercado por incumplimiento del contrato, el nuevo entrenador llama vividor a uno y aprovechado al otro…

Balmori ha triunfado una vez más y no tiene tiempo de celebrar su triunfo. Le avisan de la presencia de la joven mujer también a la espera. Se acerca de manera galante, le sonrie con esa sonrisa cascada, se relame los bigotes, le roba un beso y un apretoncito. La mujer sonrie nerviosa porque le han prometido la posibilidad de casarse con este viejo cascajo y eso es lo que hace. Al finalizar la noche  Balmori habrá cumplido los sueños (bueno, más o menos) de dos seres infortunados. Sin embargo, la felicidad no podía durar. Tacaña como es Doña Concepción Jurado se abre las vestimentas, deja caer su sombrero y muestra su larga cabellera…y ante los sorprendidos asistentes enuncia la letanía con la que desisten los sueños y las ambiciones de quienes lo pierden  todo y nada ganan: Se han equivocado ustedes, señoras y señores; no soy el hombre poderoso que represento, sino la debilidad humana misma… los he ofendido; me he casado; les he probado que soy rico; pero la verdad es que soy una humilde mujer que desempeña quehaceres domésticos.

Entreacto.

Del relato anteriormente narrado me interesa acentuar el papel escencialmente desestabilizador de las balmoreadas. Si hay algún símil posible, podríamos pensar en la escena más anárquica y disparatada de los hermanos Marx. El resultado es uno de pura nulidad. Nada de nada hay en los cheques extendidos, son falsos.  El señor de trato estrafalario, no es señor sino señora. Concepción Jurado, de 66 años de edad es una dulce y fiera viejecita, actriz y transvestista de profesión, jubilada del can-can. Vuelta al trabajo gracias a sus dotes histriónicas y a un grupo de amigos encumbrados de la Bohemia local, ninguno con nombre propio pero todos bien colocados en el díficil mundo del desempleo.

Carlos Balmori es una vieja leyenda olvidada. Sus tiempos de trasvestismo y gloria se remontan a los del modernismo hispanoamericano. Nacida en 1865, es contemporáneo de Ruben Darío y José Asunción Silva. Se puede decir que su obra comienza en los albores del siglo XX y termina  el 27 de noviembre de 1931, esto es, muchos años después de que los estridentistas habían decidido dejar los vivas al mole de guajolote por un lugar en el gran carro de la revolución mexicana. Por su construcción existencial Carlos Balmori se acerca más a la prestigiosa secta modernista de los raros que a las vanguardias estridentes. Le comprenderemos mejor si lo situamos en el campo reactor de la Bohemia que dentro de la tradición de las vanguardias latinoamericanas.

Luis Cervantes Morales, autor de las memorias de Don Carlos Balmori,  sitúa el nacimiento del personaje durante el verano de 1926. Podría considerarse una fecha tardía para la Bohemia, si pensamos que es una manifestación típica de mediados del siglo XIX. Durante mucho tiempo, la Bohemia fue considerada un subproducto artístico que surgió después del ascenso y consolidación de las pequeñas burguesías al poder cultural hegemónico. Es en este siglo XIX que surge una curiosa gama de intelectuales y artistas asalariados. No todos logran incorporarse al mundo laboral, por lo que también surge un grupo de proletarios del arte. Son las fuerzas de reserva en eterna espera. Mientras tanto se sigue escribiendo, recitando, actuando y pintando sin que haya un público a su servicio en las galerías,  teatros o el mercado editorial. De la necesidad harán su virtud los asiduos de la Bohemia. Muy pronto se apropian del café y la cantina, lo convierten sus espacios de socialización y circulación de ideas en torno al mundo del arte. La Bohemia es constituida por un sector en paro laboral, de ahí surge Carlos Balmori. Sus compañeros de juerga suelen ser los periodistas del periódico El Universal, abogados sin trabajo, médicos sin clientela, políticos y militares. Todos ellos comparten las esperanzas fallidas de la Bohemia, su profesión es un fracaso largamente meditado, su ambiente es más cercano a la “golfemia” que sólo deja cadáveres jóvenes e inéditos. Entre sus amigos no encontraremos por ningún lado a las grandes inteligencias de la época revolucionaria. Carlos Balmori es un artista sin museo ni musas, busca  a su público lejos de los nacientes espacios de legitimación artística. Es un autor de conductas y gestos, de palabras y discursos, actor y actriz, es un autor sin libros.

Verano de 1926. Se inaugura en esta temporada “la era demagógica; las nuevas ideas modifican el antiguo concepto de propiedad y prende en cada espíritu honda incertidumbre respecto al porvenir económico individual”. La Revolución Mexicana se ha encargado de modificar la configuración social del país, los bárbaros del norte estan decididos a fundar una nueva cultura de legalidad basada en el fraude, el despojo y el cohecho. Los generales siguen disputándose las distintas regiones, asonadas vienen y se van, dejando un reguero de muertos por doquier, al tiempo que las instituciones se van modelando según un personal modo de gobierno. El callismo promete espacio para todos en el tren de la prosperidad, la paz y el progreso pero nadie logra subir con suerte a sus vagones. Este es el contexto político en el que surgen las balmoreadas de Concepción Jurado.

En este sentido, me interesa destacar el difuso papel que jugó Don Carlos Balmori como artífice de una serie de acciones propias del arte del siglo XX pero producidas con las herramientas estéticas del siglo XIX. Su obra es una concienzuda práctica de pequeñas traiciones, de una moral rabiosa que, descreída de la humanidad goza [de] mostrando al lobo que todos llevamos dentro. Autor de relajo, autor de desmadre, poderoso desmitificador en una época en que Plutarco Elías Calles conservaba el poder por todos los medios a su alcance.  De la misma manera las artes mostradas por Balmori están compuestas por el fraude y el engaño, Su obra es una y la misma: mostrar la avaricia del abogado, las ambiciones de los coroneles, la vitalidad de los ciegos del corazón. ¿Qué estaría usted  dispuesto a hacer por un millon de pesos? – ¿A quién hay que matar?, le cedo a mi mujer, casese con ella y llevenos con usted…

Del gran relajo como una de las bellas artes

La consecuencia de las balmoreadas es siempre el desconcierto, el estupor y la desorientación. Aquellos que creían ver su futuro asegurado y  su vida resuelta comprueban con desazón la permanencia de la incertidumbre. Aun más, cuando Conchita Jurado surge de las vestimentas del rico empresario ya no hay nada que hacer, ni siquiera pueden reclamar. Quien se encuentra frente a ellos no es sino una tierna viejecita, una pequeña madre del pueblo, es la patria mancillada, el luto de los pobres, alguna cursilería por el estilo. Sin embargo el efecto es demoledor, no lo subestimemos. Se trata de la presencia de la terrible configuración que del relajo hiciera alguna vez Jorge Portilla.

Aún cuando no suscribamos sus conclusiones, es la Fenomenología del Relajo la que mejor podría representar al feroz desmadre de la cultura  posrevolucionaria. Carlos Balmori disfruta con la propagación del relajo entre el grupo de apretados ambiciosos. Es mediante el relajo visto como un acto desestabilizador que se promueve un profundo cuestionamiento del naciente orden institucional posrevolucionario.  Si bien es verdad que – como pensaba Jorge Portilla- el estado de las cosas se mantiene exactamente igual al final de cada actuación. Sin embargo, haciendo una caracterización positiva del relajo podemos enumerar una serie de acciones posibles: suspende la seriedad del deber impuesto por la construcción ideologica de los valores imperantes, devela la hipocresía como forma de la moral pública. La historia de Carlos Balmori nos cuenta una vez más y desde un ángulo desconocido cómo es  que la corrupción y el despojo fundan una nueva época. Balmori cancela las posibilidades de confirmar el mundo de realidad imperante mediante el acto desestructurante del relajo. Vuelve ineficaz la acción al ser fundada en la mentira, todos los negocios propuestos, todas las compras y ventas prometidas seran falsas, nunca se realizarán pues… de ahí el desconcierto, esa “vacilacion”, ese sentimiento de “tanteo” demuestra cómo el “mareado” es “vacilado”, comprometido en un acto de falsedad: una balmoreada. Este elenco retórico que reproducimos aquí es producto de las palabras que intentan explorar el estupor causado entre los espectadores y los participantes de las balmoreadas.

Grand Finale.

El autor sin libros  resultó ser pródigo en obras. Entre 1926 y 1931 fueron balmoreadas más de tres mil personas. Durante el cuatrienio de Plutarco Elías Calles y el gobierno de Emilio Portes Gil más de tres mil personas fueron embaucadas, engañadas al casarse, cerrar negocios, conseguir concesiones, divorcios, herencias, trabajos con sueldos fabulosos, cesión de poderes, al obtener financiamiento para nuevas revoluciones, ¡en fin! que fueron balmoreados al no saber discernir que el negocio de Don Carlos Balmori  consistía no en el mantenimiento del status quo sino en la disolvencia momentánea y con fines meramente didácticos del estado de excepción que sostenía al naciente Estado mexicano.

Seis años laboró Concepción Jurado como Carlos Balmori. Fue todo un sexenio durante el cual construyó un cierto arte que funcionaba también como un  magisterio de política y vida…una cierta cátedra del buen vivir…de la buena vida como una promesa más por cumplir.

Inti Meza V.                                             Sábado 20 de Noviembre del 2010

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~ por 666ismocritico en agosto 10, 2011.

Una respuesta to “Carlos Balmori.”

  1. Su artículo está muy bien escrito. Desde niño, con tres libros sobre Balmori en la biblioteca de mi padre, el Tema me fascinó. De hecho, ya adulto, escribí la Ópera Balmori.

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